Religión en Karl Marx: de la alienación a la emancipación

Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo,

pero de lo que se trata es de transformarlo.

Karl Marx, tesis XI de Tesis sobre Feuerbach.

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Introducción

La religión está presente en nuestro día a día como algo inherente en nuestra forma de sociedad. Sin embargo, son muy pocos los autores que se han planteado un estudio sobre la religión intentando descubrir todo aquello que se esconde tras esa creencia en una o varias divinidades. Marx, a pesar de ser considerado como un autor propiamente social, económico y político, es uno de esos filósofos que se preocupó por destapar el entramado religioso, concretamente de la religión cristiana, que, según sus propios planteamientos, introduce al hombre en un estado de miseria que más que redimirlo de sus posibles culpas lo condena en un mundo plenamente alienado.

Para exponer el planteamiento en torno a la religión en la filosofía marxiana, tras desarrollar una breve nota biográfica del autor, se divide la exposición en tres apartados principales: ¿Religión en Marx?, Religión como producto de la alienación humana y Emancipación del hombre: de la emancipación política a la emancipación humana. En la primera de ellas se responde a la cuestión afirmativamente con la pretensión de no caer en el tópico de que la religión es el opio del pueblo. En la segunda se establece la relación existente entre la religión y la alienación del hombre que existe en la sociedad burguesa y capitalista de la época y que viene a confirmar, a su vez, la unión entre los diferentes ámbitos de la realidad como pueden ser la religión, la economía y la política. En la tercera parte, se trata de solventar el problema de la religión a través de la emancipación del hombre, para Marx solo ésta es capaz de acabar con toda religión. Finalmente, se encuentra una conclusión con todos aquellos argumentos que resumirían la problemática religiosa en la obra marxiana.

Breve nota biográfica de Karl Marx

Karl Marx nace el 5 de mayo de 1818 en la ciudad prusiana de Tréveris, en la provincia de Renania, en el seno de una familia de descendencia judía a pesar de que su padre, Hirschel Marx[1], se convirtió un año antes de su nacimiento al protestantismo con el fin de seguir ejerciendo la profesión de abogado bajo el reinado de Federico Guillermo III. Su formación secundaria se realiza en el Instituto Friedrich Wilhem entre 1830-1835 basada en una docencia humanista.

En 1835 comienza su educación universitaria en la Universidad de Bonn con el objetivo de seguir el camino jurídico de su padre. Sin embargo, allí asistirá a las lecciones sobre filosofía y literatura impartidas por August Wilhelm Schlegel. Esto hace que se empiece a interesar por la filosofía y el arte y que participe en diversas asociaciones estudiantiles. Un año más tarde, en el que se promete con Jenny von Westphalen, se traslada a la Universidad de Berlín donde asiste a las enseñanzas de Friecrich Karl von Savigny –fundador de la Escuela Histórica del Derecho– y Eduard Gans –discípulo de Hegel– que le hacen interesarse especialmente por la Filosofía del Derecho de Hegel. A partir de entonces, entra en contacto con la izquierda hegeliana, de la que se distanciará posteriormente. Durante sus años universitarios frecuenta cafés y clubs donde conoce a autores como Bruno Bauer, que le llegará a tutorizar su tesis, y Arnold Ruge, que le influirá en su carrera periodística.

Acabada su etapa universitaria, comienza su labor como periodista, siendo de gran importancia sus escritos en la Gaceta Renana a partir de 1842, llegando a ser redactor jefe de la misma. Esa publicación se convirtió en un “foro de crítica, de confrontación y de discusión socioeconómica, política y filosófico-social”[2] que pronto promovió la censura, y posterior supresión, por parte del Gobierno prusiano.

A partir de entonces empieza su calvario por Europa –viaja de una ciudad a otra– que, sin embargo, no le impide seguir con sus estudios, especialmente de la economía de Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill; sin olvidarse de la revolución francesa y los planteamientos de Rousseau, Montesquieu y William Hamilton. En 1844 llega a París donde escribe sus famosos Manuscritos de París[3] donde se encuentran las primeras formulaciones de la alienación y el comunismo. En dicha ciudad conocerá a Friedrich Engels, Pierre-Joseph Proudhon y Mijaíl Bakunin; aunque pasados los años solo seguirá manteniendo una intensa amistad con el primero.

En 1845 se traslada a Burdeos donde escribirá La ideología alemana junto a Engels. En dicha obra, escrita contra los planteamientos de Bauer y Stirner, se encuentra su sistema que afirma que lo que se investiga tiene que estar abierto a la inspección científica. A raíz de esta manifestación, propone su materialismo dialéctico[4] que se podría dividir en tres tipos de materialismo:

Se trata, para empezar, de un materialismo práctico: de una filosofía materialista de la práctica. Es, en un segundo nivel, un materialismo histórico: una teoría de la historia natural y cultural que contempla el mundo como un continuo físico-biológico, biológicosocial y sociocultural en el que la particularidad de la especie humana consiste en producirse a sí misma y producir socialmente los propios medios de vida. Y es, en tercer lugar, un materialismo económico: una concepción de las relaciones entre los hombres, señaladamente en el mundo moderno, que toma nota de la primacía que en ellas tienen las relaciones de propiedad, producción, distribución y consumo de los bienes, así como la división del trabajo que se ha ido configurando históricamente.[5]

Ese mismo año, 1845, también escribe las Tesis sobre Feuerbach  donde acepta sus planteamientos pero critica que Feuerbach no haya profundizado más en sus ideas. Los años siguientes serán prolíficos en su producción con obras como Miseria de la filosofía –contra la obra de Proudhon Filosofía de la miseria– y el comúnmente conocido Manifiesto Comunista a raíz del surgimiento de la Liga de los Comunistas en 1847.

A partir de 1849 se instala definitivamente en Londres. Allí seguirá su tarea periodística escribiendo artículos para periódicos como el New York Tribune y el Neue Oder-Zeitung. En 1864 se crea la I Internacional de la que será representante elegido por los propios trabajadores. Tres años más tarde, en 1867, publicará el primer volumen de El capital[6] que tendrá gran repercusión en el mundo obrero. A partir de entonces, su pensamiento se radicalizará mientras sigue con su estudio y crítica política-económica del mundo circundante.

En los últimos años se interesa por la situación de Rusia a pesar que desde un primer momento desechó la idea de que su planteamiento revolucionario pudiera producirse allí y cambia de opinión. Finalmente, tras el fallecimiento de su esposa y una hija los años anteriores, muere el 14 de marzo de 1883.

¿Religión en Marx?

¿Se puede hablar de religión en el análisis y planteamiento filosófico de Marx más allá del tópico marxiano «la religión es el opio del pueblo»? Sí, sin duda. La crítica religiosa marxiana se encuentra dentro de la propia crítica al capitalismo. Es decir, en la crítica al mundo capitalista, burgués de la época, tiene un papel fundamental la crítica religiosa. Ésta se da, a su vez, en la crítica filosófica, económica y política. Esto demuestra que el planteamiento de Marx tiene una continuidad, donde una crítica a un determinado punto tiene relación con los demás.

Marx ve que la religión es una creación humana que más que ayudar al hombre, le condena a un estado de miseria a pesar de que sirve “como forma de consciencia y un principio organizativo de la vida colectiva”[7].

Para Marx la religión es un modo de la existencia humana intrínsecamente falseada. No es solamente un mundo ideal separado del mundo real del hombre, sino que es un mundo real caracterizado por la división y la alienación. El Estado y al sociedad en su forma específica imperfecta, injusta, inhumana, engendran, en consonancia con su propia absurdidad, una conciencia falsa del hombre respecto a sí mismo, la conciencia religiosa.[8]

Es el hombre el que crea la religión, ésta “es la expresión de una conciencia desgarrada, de la conciencia que no se posee aun totalmente”[9]. Pero, ¿por qué? Porque las condiciones sociales en las que vive el hombre le son impuestas por una fuerza superior, por el modelo capitalista en el que vive que ha desarrollado el mundo burgués. El hombre crea, por tanto, la religión para buscar una emancipación del individuo en el Estado burgués, “para consolar a los hombres, para justificar el estado de miseria”[10] en el que viven:

Las consecuencias de la representación religiosa son dobles: por un lado se presenta como una ciencia capaz de explicar el mecanismo de las relaciones fenomenales que el hombre no consigue; por otro, como una acción práctica. El hombre religioso reza y se dirige a la divinidad para que ésta actúe, intervenga, igual que él hace en la vida real con sus semejantes.[11]

Sin embargo, esa emancipación, según Marx, no puede llegar a través de la religión. La religión es el resultado de la miseria y, al mismo tiempo, es la desaprobación de esa miseria. Aun así, esto provoca que el hombre se distancie del problema real que es su propia alienación o enajenación. Por tanto, para Marx hay que ir a la causa de la propia alienación, que provoca que el hombre cree la religión, para solventar el problema religioso y acabar con toda religión:

La crítica de la religión no se puede resolver a los ojos de Marx por un decreto autoritario ni por un proceso de concientización anti-religiosa, sino de una manera mucho más radical y científica: haciendo que las condiciones de trabajo y de la vida práctica presenten al hombre unas relaciones transparentes y racionales con sus semejantes y con la naturaleza.[12]

En los dos próximos apartados se desarrollará el proceso por el cual el hombre se aliena y hace que cree la religión, y aquel que provoca la emancipación que permite al hombre salir del estado enajenado y desechar toda religión. Al fin y al cabo, “lo principal para Marx será la lucha práctica por liberar al hombre de la alienación real, sensible: la implantación del verdadero humanismo”[13].

Religión como producto de la alienación humana

La religión es una creación del hombre

Desde muy joven Marx planteó la problemática de la religión. En su examen de madurez (1835) tuvo que responder al tema: “fundamento, esencia, necesidad incondicional y efectos de la unión de los creyentes con Cristo, según Juan 15, 1-14”. En esas líneas, aunque no lo enuncia explícitamente, se puede ver cómo la religión –cualquier tipo– es una creación del hombre para, entre otras cosas, redimir su culpa, el pecado:

Los pueblos antiguos, los salvajes, entre los que la enseñanza de Cristo aún no ha sonado, revelan en el ofrecimiento de víctimas a sus dioses, en el convencimiento de que por las víctimas alcanzarán el perdón de sus pecados, una desazón interior, miedo ante la cólera divina y convencimiento interno de su reprobación.[14]

¿Qué más podemos extraer del fragmento? Que solo la unión con un ser superior, Cristo en el caso de la religión cristiana, nos permite redimirnos de nuestra culpabilidad, “la unión con Cristo nos otorga elevación interior, consuelo en el dolor, sosiego y un corazón que se abre a todo lo humano, a todo lo noble, a todo lo grande”[15].

Se puede ver, por tanto, que hay una necesidad de la unión con Cristo, de una religión, que garantice que todos nuestros errores sean perdonados y, de esa forma, llevar nuestra existencia mucho mejor. Para ilustrar todo este planteamiento utiliza la parábola de la vid y el sarmiento que se encuentra en el Evangelio de Juan y que Marx resume de la siguiente forma:

Nuestro corazón, la razón, la historia y la palabra de Cristo nos gritan pues con fuerza y persuasión que la unión con Cristo es absolutamente necesaria, que sin él no conseguiremos nuestro fin, que sin él somos reprobados por Dios y que sólo él nos puede redimir.[16]

Hasta ahora se ha visto que la religión es una necesidad para el hombre y que, por tanto, éste la crea. No será hasta 1844 cuando exponga Marx explícitamente dicha creación realizada por el hombre en la Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. Expone:

El fundamento de la crítica irreligiosa es: el hombre hace la religión; la religión no hace al hombre. En otras palabras, la religión es la conciencia de sí mismo y el sentimiento de sí mismo del hombre que aún no se ha encontrado o que ya ha vuelto a perderse. Pero el hombre no es un ser abstracto, agazapado fuera del mundo. El hombre es el mundo de los hombres, el estado, la sociedad. Este estado, esta sociedad, producen la religión, una conciencia invertida del mundo, porque son un mundo invertido. La religión es la teoría genera de este mundo, su compendio enciclopédico, su lógica con formas populares, su point d’honneur espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su solemne consumación, su razón universal de consuelo y justificación. Es la realización fantástica  de la esencia humana, porque la esencia humana carece de realidad verdadera. La lucha contra la religión es, por lo tanto, en forma mediata, la lucha contra el otro mundo, del cual la religión es el aroma espiritual.[17]

¿Por qué el hombre crea la religión?

En el fragmento anterior se ha podido ver cómo la religión es una creación humana. Ahora habrá que preguntarse por qué el hombre la crea. En el mismo texto, nos encontramos que la creación de la religión se debe, principalmente, a que la conciencia humana está invertida, el mundo está del revés. Las relaciones humanas no son verdaderamente humanas, hacen que el hombre sea un esclavo de sí mismo. La religión surge de la extrapolación que el hombre hace de sí mismo, crea a Cristo –en la religión cristiana– a partir de su imagen y lo dota de todos aquellos rasgos que le son inherentes. El hombre crea la religión, por tanto, como un intento de responder a su situación terrenal, a su situación social. En este sentido, Marx critica que Feuerbach no se haya dado cuenta que la religión se debe también a las relaciones que el hombre tiene con el mundo real y no solo a una proyección de sí mismo en algo externo a él:

Feuerbach no ve, por tanto, que el «sentimiento religioso» es también un producto social y que el individuo abstracto que él analiza pertenece, en realidad, a una determinada forma de sociedad.[18]

¿Cómo son, entonces, esas relaciones que el hombre mantiene en la sociedad? Según Marx, el hombre está alienado o enajenado[19] debido, precisamente, a esas prácticas sociales y, sobre todo, económicas que en última instancia hacen que el hombre cree la religión como un producto de esa propia alienación en la que se encuentra.

La alienación del hombre

El término de ‘alienación’ es usado por primera vez por Marx en sus Manuscritos de París de 1844 aunque éstos no vieron la luz hasta 1932. Aunque este concepto suele utilizarse principalmente en el análisis económico del mundo capitalista y, más concretamente, en la relación que el trabajador mantiene en ese mundo productivo, en el propio planteamiento marxiano que se puede extrapolar, y Marx lo hace, a las relaciones que el hombre también mantiene a nivel social.

Podemos empezar diciendo que “la religión nos distrae y consuela de este mundo de acá y de su transformación con un más allá […], la religión actúa como un sedante o narcótico que proporciona una felicidad ilusoria, no real”[20]. Esta felicidad irreal se debe a que el hombre está alienado, y no es consciente de ello. Pero, ¿dónde empieza dicha enajenación que hace que el hombre cree la religión?

La alienación socioeconómica es la base de la alienación religiosa y política. Pues la base materialista, las relaciones de producción o de propiedad, que cambian independientemente del hombre, son las que determinan la respectiva situación social y la conciencia integral del hombre.[21]

Hay que partir del análisis económico y, en concreto, del problema de la enajenación para extrapolar ésta a la religión y poder explicar la alienación religiosa. Marx, en los Manuscritos de París, afirma que el obrero cuando produce en su trabajo un determinado objeto ve a éste como algo ajeno a él, como algo que ha creado pero que se le escapa, que no tiene relación con él. En palabras de Marx; “en efecto, partiendo de esta premisa resulta claro que cuanto más se mata el obrero trabajando, más poderoso se torna el mundo material ajeno a él que crea frente a sí, más pobres se vuelven él y su mundo interno, menos se pertenece el obrero a sí mismo”[22]. Extrapolando este planteamiento a la religión, tenemos que “cuanto más pone el hombre en Dios, menos retiene de sí mismo”[23].

Más concretamente, en relación con el planteamiento religioso que nos ocupa, cuando el hombre crea la religión deposita su vida en ésta, y al hacerlo ya no se pertenece a sí mismo, sino que pertenece a la religión siendo mayor la alienación cuanto más se centre su tarea en el objeto, en este caso, en la religión. Es decir, “lo que es el producto de su trabajo –o de su creación- no lo es él”[24].

En resumen, el hombre se aliena en la propia creación de la religión al igual que hace cuando produce un objeto, por ejemplo, en la cadena de montaje de una fábrica del mundo capitalista. A partir de aquí se puede plantear la pregunta de a quién pertenece ese poder ajeno que ha creado. Marx no duda en responder que ese poder extraño pertenece a otro hombre:

Si el producto del trabajo no pertenece al obrero, si constituye frente a él un poder extraño, la única explicación que cabe es que pertenezca a otro hombre que no sea el obrero. Si la actividad del obrero constituye un tormento para él, tiene necesariamente que ser un goce y una fruición de vida para otro. Y este poder extraño sobre el hombre no hay que buscarlo en los dioses ni en la naturaleza, sino pura y simplemente en el hombre.[25]

Si hay un poder religioso ajeno gracias a mi creación, ¿quién ostenta esa autoridad? Aquellos capaces de usar ese poder nacido de la alienación, aquellos con un estatus social alto, los capitalistas y los gobernantes:

[…] El mundo religioso no es más que el reflejo del mundo real. Y para una sociedad basada en la producción de mercancías, en la cual los productores en general entran en relaciones sociales recíprocas al tratar a sus productos como mercancías y valores, con lo cual reducen su trabajo privado individual al niel de trabajo humano homogéneo; para una sociedad así, el cristianismo, con su cultus del hombre abstracto –y más especialmente en sus modalidades burguesas: protestantismo, deísmo, etc.–, es la formas más adecuada de religión.[26]

A partir de aquí se puede decir que la religión juega un papel fundamental en el arraigo y en la conservación del statu quo debido a que los poderes capitalistas se ven favorecidos por esa enajenación religiosa que viene a completar, y aumentar, la producida por la alienación económica. Para ilustrar esto, Marx en algunos de sus escritos establece la relación existente entre los poderes religiosos y los políticos. Por ejemplo, tenemos el “Comentario al artículo 2 de la Instrucción sobre la censura prusiana”, de 1842 pero que no aparecería hasta un año más tarde debido, precisamente, a la censura en Anekdota aus neuester deutschen Philosopjie un Publicistik; el Manifiesto del Partido Comunista, de 1848; Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, de 1850; Sobre la revolución española, a partir de 1854; y El movimiento anticlerical. Manifestación en Hyde Park de 1855.

Donde mayor se ve la relación entre religión, concretamente la religión cristiana, con el poder político, en este caso el Estado prusiano, es en el primero de ellos. Éste serviría de ejemplo para mostrar la estrecha unión entre ambos poderes. El artículo 2 al que se refiere Marx se enuncia así:

(La censura) tiene por fin remediar todo lo que contradiga los principios generales de la religión, sin preocuparse de las opiniones y doctrinas de los diversos partidos religiosos, así como de las sectas toleradas por el estado.[27]

Pero de qué religión habla en dicho artículo, concretamente de la religión cristiana como se ha dicho anteriormente. Ésta ha logrado introducirse en el mundo político hasta el punto que lo somete para perpetuar la alienación que favorece, en definitiva, que la religión siga vigente y existiendo. La religión cristiana, en este caso, utiliza al Estado como medio para garantizar su dominio sobre el hombre:

¿Qué significa: «toda intromisión fanática de los artículos de fe en política»? Esto quiere decir: recurrir a los artículos de fe para determinar al estado, según su naturaleza específica; esto quiere decir: convertir la esencia particular de la religión en horma del estado.[28]

El fragmento anterior muestra cómo la religión se acaba imponiendo a toda la sociedad, incluso al propio Estado. Esto provoca que realice todo aquello que le favorezca, incluso censurar todo aquello que pudiera poner en riesgo su dominio nacido de la alienación y que pudiera provocar que el individuo se dé cuenta de su verdadera condición y le incitara a relevarse. El diagnóstico a esta problemática, según Marx, es el siguiente:

[…] la religión tiene que apoyar al poder temporal sin que el poder temporal tenga que someterse a la religión. Pero una vez introducida la religión en la política resulta inútil e irreligiosa toda tentativa del poder temporal que pretenda decir a la religión cómo tiene que desarrollar su actividad dentro del ámbito político. Si alguien, por pura religiosidad, se alía con la religión, está obligado a entregarle el poder de decisión sobre todo tipo de cuestiones.[29]

Más concretamente,

El estado que hace que el evangelio se predique en la letra de la política, en otra letra que la del Espíritu santo, comete un sacrilegio, si no a los ojos de los hombres, a los ojos de su propia religión.[30]

¿Cómo se podría terminar con toda esta problemática? ¿Cómo acabar con la religión que tanto mal hace según Marx al hombre? A través de la emancipación, ésta es la única vía que permite al hombre tener conciencia de sí mismo, de enseñar que su vida es miseria por esa alienación que empieza en la producción del modelo capitalista y que crece y se perpetúa con la creación de la religión:

Sea como fuere, el reflejo religioso del mundo real sólo puede desaparecer para siempre cuando las condiciones prácticas de la vida cotidiana ofrezcan al hombre relaciones perfectamente inteligibles y razonables con sus semejantes y con la naturaleza. […]. El reflejo religioso del mundo real sólo puede desaparecer para siempre cuando las condiciones de la vida diaria, laboriosa, y activa, representen para los hombres relaciones entre sí y respecto de la naturaleza.[31]

Emancipación del hombre: de la emancipación política a la emancipación humana

Hemos visto que “el mundo del hombre no es sólo un mundo mental abstracto; su mundo son las relaciones sociales concretas. Su trabajo no es primariamente la autoproducción de la conciencia, sino el trabajo práctico del obrero. Su alienación no es la alienación del pensamiento, sino la brutal alienación que implica el proceso laboral. Y, por lo mismo, la superación de esa alienación no tiene que darse solamente en el pensamiento, sino en la vida práctica de la sociedad real”[32].

A partir de aquí, Marx analizará la emancipación como una tarea social donde las bases económicas, políticas e ideológicas están presentes. Para lograr ese objetivo hay que ir, por tanto, a esos pilares básicos que provocan y mantienen, en definitiva, la alienación. Hay que cambiarlos. Así pues, gracias, también, a la religión nos damos cuenta del estado real en el que se encuentra el hombre por lo que según Marx:

La miseria religiosa es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por la otra, la protesta contra la miseria real. […] La abolición de la religión en cuanto dicha ilusoria del pueblo es necesaria para su dicha real. La exigencia de abandonar sus ilusiones sobre su situación es la exigencia de que se abandone una situación que necesita de ilusiones. La crítica de la religión es, por lo tanto, en embrión, la crítica del valle de lágrimas que la religión rodea de un halo de santidad. […] La crítica de la religión desengaña al hombre para que piense, para que actúe y modele su realidad como un hombre desengañado y que ha entrado en razón, para que gire en torno de sí mismo y por lo tanto en torno de su sol real.[33]

Es decir, “la crítica de la religión desemboca en la doctrina de que el hombre es la esencia suprema para el hombre y, por consiguiente, es el imperativo categórico de echar por tierra todas las relaciones en que el hombre sea una esencia humillada, esclavizada, abandonada y despreciable”[34]. A partir de esto, se puede afirmar que la emancipación total del hombre, que como se verá se compone de dos pasos, garantizará que el hombre sea su propia esencia:

La alienación religiosa será eliminada en cuanto las relaciones de los hombres vuelvan a ser transparentes y razonables sobre la base de un nuevo modo de producción.[35]

Una vez visto esto, ¿dónde encontramos el planteamiento emancipatorio de Marx? En un artículo –dividido en dos partes– titulado “La cuestión judía” y que apareció en 1844 en la revista Anales franco-alemanes. Dicha publicación es la respuesta a un artículo publicado por Bruno Bauer que apareció en los Anales alemanes en noviembre de 1842. Marx defiende que pare que los hombres se puedan emancipar, primero tiene que ser el propio individuo el que se libere de esa alienación. Para eso propone dos pasos: primero, una emancipación política y, segundo, una emancipación humana. Sin la primera no se garantiza la segunda.

¿Qué se puede entender, qué entiende Marx, por emancipación política y por emancipación humana? Fernández Buey lo resume así:

La emancipación política es, en los sustancial, emancipación del Estado respecto de la religión, o, mejor aún, de las religiones. La emancipación humana es liberación del hombre de las alienaciones derivadas respecto de la doble moral, en lo público y en lo privado, como burgués y como ciudadano, que caracteriza la existencia de las personas en el Estado político.[36]

La emancipación política se logra cuando el Estado se separa de la religión, cuando no deja que ésta se entrometa en sus asuntos como hemos visto anteriormente. Según Marx, solo en Norteamérica se da esta situación, una situación donde la religión solo se da en el ámbito privado y se ha distanciado del ámbito público; concretamente, “el estado se emancipa de la religión al emanciparse de la religión del estado, es decir, cuando el estado como tal estado no profesa ninguna religión, cuando el estado se profesa más bien como tal estado”[37]. Cuando el Estado es capaz de romper su unión con la religión es cuando verdaderamente se convierte en un Estado democrático, en uno real que no necesita de la religión para perfeccionarse políticamente pues se ha secularizado aunque en el ámbito siga habiendo religión.

Sin embargo, aunque el Estado se emancipe de la religión, esto no impide como se ha mencionado antes, que el hombre se emancipe totalmente de ella pues puede practicarla en el ámbito privado. Según Marx, “el estado puede haberse emancipado de la religión incluso aun cuando la gran mayoría siga siendo religiosa. Y la gran mayoría no dejará de ser religiosa por el hecho de que su religiosidad sea algo puramente privado”[38].

El hombre se emancipa políticamente de la religión, al desterrarla del derecho público al derecho privado. La religión ya no es el espíritu del estado, donde el hombre –aunque sea de un modo limitado, bajo una forma especial y en una esfera especial– se comporta como ser genérico, en comunidad con otros hombres; se ha convertido, ahora, en el espíritu de la sociedad burguesa, de la esfera del egoísmo, del bellum ómnium contra omnes. No es ya la esencia de la comunidad, sino la esencia de la diferencia. Se ha convertido en expresión de la separación del hombre de su comunidad, de sí mismo y de los otros hombres, lo que originariamente era. No es más que la confesión abstracta de la especial inversión, del capricho privado, de la arbitrariedad. La dispersión infinita de la religión en Norteamérica, por ejemplo, le da ya al exterior la forma de una incumbencia individual. La religión se ha visto derrocada para descender al número de los intereses privados y ha sido desterrada de la comunidad como tal comunidad. Pero no nos engañemos acerca de las limitaciones de la emancipación política. La escisión del hombre en el hombre público y el hombre privado, la dislocación de la religión con respecto al estado, para desplazarla a la sociedad burguesa, no constituye una fase, sino la coronación de la emancipación política, la cual, por lo tanto, ni suprime ni aspira a suprimir la religiosidad real del hombre.[39]

Todo el fragmento anterior viene a expresar que, como ya se ha dicho anteriormente, la emancipación política es un paso para que el hombre logre definitivamente la emancipación humana que le permitirá, en último término, crear nuevas formas y relaciones sociales que tendrán como culmen el comunismo. La emancipación política es, por tanto, la emancipación del hombre dentro de la sociedad, la emancipación de su yo público. Solo falta que su yo privado deje de estar alienado:

No cabe duda de que la emancipación política representa un gran progreso, y aunque no sea la forma última de la emancipación humana en general, sí es la forma última de la emancipación humana dentro del orden del mundo actual. Y claro está que aquí nos referimos a la emancipación real, a la emancipación práctica.[40]

Más específicamente, “la emancipación política es, al mismo tiempo, la disolución de la vieja sociedad, sobre la que descansa el estado que se ha enajenado al pueblo, el poder señorial. La revolución política es la revolución de la sociedad civil”[41].

Así pues, como se ha venido exponiendo, la emancipación política con respecto a la religión no hace que ésta se acabe, sino que sigue presente pero no ligada al Estado. Éste se independiza de cualquier tipo de religión y no concede privilegios a ninguna. A partir de este punto hay que luchar, según Marx, para que el hombre se emancipe humanamente y abandone el estado de miseria en el que se encuentra para reencontrarse con su propia esencia, pues “la emancipación del estado con respecto a la religión no es la emancipación del hombre real con respecto a ella”[42].

¿Cómo se logra la emancipación humana? Marx expone que se llega a ella a partir de la revolución política. Según el autor, con la emancipación política no solo se disuelve la unión del Estado con la religión, sino que “la emancipación política fue, a la par, la emancipación de la sociedad civil respecto a la política”[43]. La emancipación política permite, a su vez, que el hombre torne a sí mismo, que se divida, por un lado, en un miembro de la sociedad burguesa, y por otra, en un ciudadano perteneciente al estado, a la persona moral. Esto hace que el hombre empiece a pensar por sí mismo y quiera acabar con toda alienación, sobre todo la económica, que le hace esclavo y le perpetua el estado de miseria en el que vive. Solo de esta forma, el hombre podrá alcanzar la emancipación humana:

Toda emancipación es la reducción del mundo humano, de las relaciones, al hombre mismo.

La emancipación política es la reducción del hombre de una parte, a miembro de la sociedad burguesa, […], y de otra parte, al ciudadano del estado, a la persona moral.

Sólo cuando el hombre individual real recobra en sí mismo al ciudadano abstracto y se convierte, como hombre individual, en ser genérico, en su trabajo individual y en sus relaciones individuales; sólo cuando el hombre ha reconocido y organizado sus «forces propres» como fuerzas sociales y cuando, por tanto, no desglosa ya de sí la fuerza social bajo la forma de fuerza política, sólo entonces se lleva a cabo la emancipación humana.[44]

Sin embargo, a pesar de que sabemos cuál es el camino que hay que recorrer para poder alcanzar la emancipación humana, tal como recoge Jonathan Wolff[45], Marx no explica muy bien qué es concretamente. Podría especularse que es el estado en el que el sujeto es capaz de crear el Estado comunista y que posibilita que éste se dé, es decir, cuando no haya alienación económica que posibilite otros tipos de enajenaciones como la religiosa, cuando el hombre no se encuentre en un estado de miseria.

Conclusión

Fernández Buey expone que

Todo el análisis crítico de la religión se basa en esta idea, a saber: que la religión es al mismo tiempo autoconciencia y autosometimiento del hombre en una fase en la cual el hombre no se ha encontrado todavía a sí mismo o ha vuelto a perderse. La religión es conciencia invertida del mundo producida por el hombre en una sociedad y un estado que son precisamente el mundo al revés. La religión aparece como teoría general del mundo invertido, lo que ha dado entusiasmo y consuelo popularmente a los hombres. Por eso la religión expresa al mismo tiempo la miseria realmente existente y la protesta contra esa miseria, es el suspiro de la criatura abrumada y a la vez el sentimiento de un mundo sin corazón, el espíritu de una situación sin espíritu.[46]

La crítica religiosa realizada por Marx permite que el hombre se dé cuenta del estado de miseria en el que se encuentra y, a su vez, posibilita que pueda luchar por invertir esa situación. Para ello tiene que conseguir la emancipación política que le permitirá, finalmente, alcanzar la emancipación humana. La primera solo será posible cuando el Estado corte todos sus lazos con todo el pensamiento religioso; y, la segunda, cuando el ciudadano torne a sí mismo tras lograr la emancipación política, cuando acabe con toda alienación.

Por tanto, el planteamiento marxiano en torno a la religión se basa en una crítica de la misma y en encontrar un camino para el hombre que le permita seguir viviendo en una sociedad sin someterse a aquélla, en una comunidad sin ataduras ni cadenas que le esclavicen y le impidan ser feliz.

Bibliografía

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FERNÁNDEZ BUEY, Francisco. Marx (sin ismos). Madrid: El Viejo Topo, 1998.

KÜNG, Hans. ¿Existe Dios? Respuesta al problema de Dios en nuestro tiempo. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1979 (2ª edición).

MARX, Karl. Textos de filosofía, política y economía. Manuscritos de París. Manifiesto del Partico Comunista. Crítica del programa de Gotha. Muñoz, Jacobo (estudio introductorio). Madrid: Gredos, 2012.

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WOLFF, Jonathan, “Karl Marx”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Winter 2015 Edition), Edward N. Zalta (ed.), forthcoming URL = <http://plato.stanford.edu/archives/win2015/entries/marx/&gt;.

Notas

[1] Seguidor de los planteamientos kantianos y admirador de Voltaire, Diderot y Rousseau.

[2] MARX, Karl. Textos de filosofía, política y economía. Manuscritos de París. Manifiesto del Partico Comunista. Crítica del programa de Gotha. Muñoz, Jacobo (estudio introductorio). Madrid: Gredos, 2012. p. XVIII.

[3] Fueron publicados en 1932 por D. B. Rjazanov.

[4] Según Fernández Buey, Marx nunca utilizó la expresión “materialismo dialéctico” como tal. Esta fórmula se podría deducir de sus escritos al utilizar aspectos metodológicos del planteamiento hegeliano y que, al hablar de la evolución, expone un sistema de continuidad.

[5] FERNÁNDEZ BUEY, Francisco. Marx (sin ismos). Madrid: El Viejo Topo, 1998. p. 131

[6] Los volúmenes segundo y tercero fueron publicados póstumamente por Engels a partir de los manuscritos y notas de Marx.

[7] TOSCANO, Alberto. “Marx y la crítica de la religión” en Pasajes: Revista de pensamiento contemporáneo, Nº. 29, 2009, págs. 51-56. p. 54.

[8] DELGADO GONZÁLEZ, Ignacio. “Marx y el ateísmo” en Aula: Revista de Pedagogía de la Universidad de Salamanca, Nº 1, 1985, págs. 83-89. p. 86.

[9] MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Sobre la religión. Karl Marx, Friedrich Engels (vol. I). Salamanca: Sígueme, 1979 (2ª edición). p. 14.

[10] DELGADO GONZÁLEZ, Ignacio. Op. Cit., p. 87.

[11] MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Op. Cit., p. 30.

[12] Ibíd., p. 30.

[13] DELGADO, GONZÁLEZ, Ignacio. Op. Cit., p. 84.

[14] MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Op. Cit., p. 39.

[15] Ibíd., p. 42.

[16] Ibíd., p. 40

[17] Ibíd., pp. 93-94.

[18] Ibíd., p. 161.

[19] Según la traducción que se escoja aparecerá un término u otro.

[20] KÜNG, Hans. ¿Existe Dios? Respuesta al problema de Dios en nuestro tiempo. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1979 (2ª edición). p. 321.

[21] Ibíd., p. 327.

[22] MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Op. Cit., p. 140.

[23] Ibíd.

[24] Ibíd.

[25] Ibíd., p. 142.

[26] Ibíd., p. 262.

[27] Ibíd., p. 85.

[28] Ibíd., p. 87.

[29] Ibíd., pp. 87-88.

[30] Ibíd., p. 120.

[31] Ibíd., p. 262.

[32] KÜNG, Hans. Op. Cit., p. 317.

[33] MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Op. Cit., p. 94.

[34] Ibíd., p. 100.

[35] KÜNG, Hans. Op. Cit., p. 329.

[36] FERNÁNDEZ BUEY, Francisco. Op. Cit., p. 75.

[37] MARX, Karl; ENGELS, Friedrich. Op. Cit., p. 113.

[38] Ibíd., p. 114.

[39] Ibíd., p. 117.

[40] Ibíd., p. 117.

[41] Ibíd., p. 128.

[42] Ibíd., p. 122.

[43] Ibíd., p. 129.

[44] Ibíd., p. 131.

[45] WOLFF, Jonathan, “Karl Marx”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Winter 2015 Edition), Edward N. Zalta (ed.), forthcoming URL = <http://plato.stanford.edu/archives/win2015/entries/marx/&gt;.

[46] FERNÁNDEZ BUEY, Francisco. Op. Cit., p. 88.

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