Agustín de Hipona: El pueblo

La empresa del pueblo es el Estado. Esta sentencia la recoge Agustín de Hipona en el capítulo XXI de La ciudad de Dios basándose en un escrito de Escipión. Para llegar a semejante conclusión el general romano se apoya en los preceptos ciceronianos que afirman, según recoge el pensador premedieval, que el pueblo está formado por “una multitud reunida en sociedad por la adopción en común acuerdo de un derecho y por la comunión de intereses”. El eje fundamental sobre el que se asienta la comunidad, como se puede observar, es la ley pero ésta debe estar siempre acompañada de la justicia, entendida por el filósofo cristiano como “la virtud que da a cada cosa lo suyo”, como recoge más adelante en dicha obra.

Sin el pueblo no hay nada. Son sus componentes quienes tienen la potestad de reunirse para crear leyes que regulen la convivencia entre todos aquellos que forman parte de la comunidad. Esta legislación tiene que partir siempre de un presupuesto justo para todos, sin ningún tipo de discriminación, capaz de igualar a todos los hombres y mujeres, con unos derechos y deberes que se tienen que respetar. A partir de aquí los ciudadanos pueden crear un gobierno por delegación para una mejor organización de la vida cotidiana, como ocurre en la mayoría de estados modernos, donde sean unos pocos los encargados de dirigir la sociedad partiendo siempre de la equidad.

¿Qué pasaría en el supuesto de que tras la creación de una legislación igualitaria alguien usurpara el poder del pueblo y se alzara como único gobernante sin tener en cuenta la voluntad del pueblo? En este caso, todos los ciudadanos tendrían la potestad para alzarse y derrocar al individuo en cuestión para, después, volver a instaurar el régimen anterior donde las leyes estaban consensadas por todos ellos.

En definitiva, es el pueblo, que es quien ostenta el verdadero poder para gobernarse a sí mismo, el único capaz de organizarse y garantizar una legislación justa e igualitaria que estructure la sociedad para llevar una vida comunitaria digna. Cuando se dé el caso contrario tendrá la total potestad para oponerse y rebelarse contra aquellas fuerzas que le opriman.

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