Gloria o indiferencia

Rozar la indiferencia es algo muy frecuente en el mundo actual. Nos mostramos impasibles ante lo que ocurre en nuestro mundo y, desgraciadamente, esta es una actitud cada vez más arraigada al carácter humano. Continuamente anteponemos la gloria de un instante, de un sentimiento efímero, a una culpabilidad eterna, aunque a veces no sentimos que sea así. ¿De verdad merece la pena? Muchos, inocentes y desconocedores del verdadero esfuerzo, dirán que sí; y otros tantos -menos- dirán que no. Bien por orgullo, bien por una idea falsa de dignidad, nos hacemos esquivos ante las situaciones más duras y adversas de la vida. Sí, es muy fácil ver y leer las noticias día tras día: guerras, hambre, dolor, sufrimiento; y lamentarnos por todo eso, que ocurre a kilómetros de nuestro confort. ¿Lamentarnos? “Lamentarnos”, más bien. Nos engañamos pensando en cuánto nos gustaría hacer, cuánto nos gustaría ayudar o cuánto nos agradaría que esas situaciones acabaran. Y digo que nos engañamos, sí, porque me arriesgo a decir que ninguno de nosotros -o casi ninguno- haría nada por cambiar la situación si tuviera la oportunidad en la mano. “Es demasiada responsabilidad” diríamos desentendiéndonos. Por otro lado, encontramos el papel de los reporteros y periodistas que, dejando a un lado el cumplimiento de su trabajo, prefieren arriesgar sus vidas por obtener una buena imagen o toma que les catapulte a la fama que siempre han deseado dentro de este mundo. ¿Es esto ético? ¿poder enriquecerse por el sufrimiento ajeno? ¿y si todo este dinero se invirtiera en ayudar y no en movilizar cientos de medios para unas imágenes que a penas duran segundos?

Y es así, de esta forma, como llegamos casi sin darnos cuenta a alcanzar una falsa gloria nacida de la indiferencia y el pasotismo, una sensación de confort que obtenemos pensando que no podemos hacer nada, que lo que hacemos es suficiente. Contribuimos cada día más a la creación de una sociedad egoísta e inhumana. Quizá era necesario llegar a este punto para darnos cuenta de que tiene el mismo pecado no hacer, que quedarnos mirando cuando hay que hacer. Unos no actúan y los demás alaban. Porque, como dicen, “la gloria no es más que la miopía de los espectadores”.

Os invitamos a ver este vídeo para que reflexionéis mejor sobre lo que aquí explicamos.

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Un comentario en “Gloria o indiferencia

  1. Es la paradoja de la costumbre. Incluso en relación a la injusticia, la costumbre puede erosionar nuestra percepción del mundo y matar nuestra motivación para cambiar las cosas. ¿Quién diría hace años que podríamos ver casi en directo cualquier guerra en televisión?

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