“Vita activa” y “Vita contemplativa” según Hannah Arendt: una introducción

La expresión vita activa es el planteamiento general de la obra La condición humana Hannah Arendt, ¿pero qué es? ¿Qué se puede entender por la expresión vita activa? Si nos atenemos a las propias palabras de la autora[1], la vita activa designa tres actividades fundamentales -labor, trabajo y acción- que condicionan de forma básica la vida del hombre en la Tierra.

La labor, el trabajo y la acción forman la vita activa, y las tres, junto a sus respectivas condiciones, forman la condición humana más general de la existencia humana: la natalidad y la mortalidad. La vita activa se desarrolla desde que un ser humano nace hasta que muere. De esta forma, las tres actividades anteriores tienen un papel fundamental debido a que caracterizan la vida humana durante su desarrollo.

 

Todas ellas condicionan la vida, pero es la acción la que más relación tiene con ella. La acción está presente desde el nacimiento debido a que hace posible que el hombre cada vez que nazca tenga la posibilidad de actuar. En este sentido es la acción la que caracteriza la política, haciendo que la natalidad sea la categoría central de su pensamiento político[2].

No obstante, es preciso diferenciar entre la condición humana y la propia naturaleza humana. Podemos conocer nuestras propias condiciones, pero nunca podremos tener una certeza sobre nuestra naturaleza pues solo un dios, según la autora, podría conocerla y definirla[3]. Nunca lograremos responder la pregunta “¿quiénes somos?”, solo podremos aportar ciertas ideas gracias a las propias condiciones, pero éstas nunca lograrán expresar del todo la respuesta a dicha cuestión.

Se puede señalar, por tanto, que la vita activa es la vida que permite al hombre vivir en la Tierra, que hace que la existencia humana perdure a lo largo de los años debido a que es la vida que permite sobrevivir a la especie, que nos condiciona, que nos hace mundanos. Pero ¿de dónde viene la expresión vita activa?

El origen de la expresión vita activa lo podemos encontrar según Arendt en Aristóteles[4]. La única diferencia que encontramos entre el planteamiento de la autora y el del filósofo griego es que en la época griega tenía un significado diferente. En un espacio como el que formaba la polis, la única actividad que podía corresponder a la vita activa era la acción, el espacio político. Quedaban excluidos, por tanto, la labor y el trabajo.

A partir de la desaparición de las polis, de las ciudades-estado, el significado político de la vita activa se ve reducido y empieza a verse reflejado, junto a la labor y el trabajo, como un compromiso directo con las actividades humanas[5]. Este hecho hace, por tanto, que las tres actividades estén en el mismo nivel y que, con el paso del tiempo, no se lleguen a diferenciar. Arendt pretende hacer una distinción dentro de la vita activa: la diferencia entre labor, trabajo y acción[6], que desarrolla a lo largo de la obra ya citada.

Frente a este tipo de vita, Arendt contrapone la vita contemplativa que esboza en su obra La vida del espíritu, que no llegó a acabar pues falleció mientras la escribía. Para explicar por qué decide escribir un libro que exponga un contenido opuesto a la vita activa, ofrece dos circunstancias que han hecho que decida explicar qué entiende ella como vita contemplativa. Las dos respuestas se encuentran en el capítulo sobre el pensamiento, en las primeras páginas de La vida del espíritu:

Así pues, el proceso de Eichmann[7] fue lo que en principio me llevó a interesarme por este tema[8]. En segundo lugar, los problemas morales nacidos de la experiencia concreta que iban contra la sabiduría de los siglos -no solo respecto de las distintas respuestas tradicionales de la «ética», una rama de la filosofía, habría ofrecido al problema del mal, sino también respecto de las más amplias respuestas con que cuenta la filosofía para la mucho menos urgente cuestión de «qué es pensar»-, todo ello consiguió renovar en mis algunas dudas que me venían asediando desde que concluyera un estudio sobre lo que mi editor sabiamente denominó «la condición humana», pero que yo más modestamente había considerado como una indagación sobre «la vita activa». Me había interesado por el problema de la acción, la más antigua preocupación de la ciencia política, y aquello que me había inquietado siempre al respecto fue que el mismo término que había empleado en mis reflexiones sobre el tema, esto es, «vita activa», fue acuñado por hombres dedicados al tipo de vida contemplativa que observaban a todos los seres humanos desde esta perspectiva.[9]

Una vez visto el porqué de Arendt de escribir un libro que trate de la otra forma de ver y entender la vita, y tras caracterizar grosso modo la vita activa, veamos qué entiende la autora por vita contemplativa. Antes, sin embargo, tenemos que responder a la pregunta ¿qué es la contemplación? Una definición apropiada para este caso sería entenderla como el estado más elevado del espíritu[10], pero también se puede comprender como la theoria o palabra dada a la experiencia de lo eterno[11].

Se ha visto que la contemplación se refiere a todo aquello que tiene que ver de alguna forma con lo eterno, con la vida del espíritu. Por tanto, los rasgos más significativos de la vita contemplativa, según Arendt, son los siguientes: es una vita de eternidad, que solo puede darse en un “desierto”, es decir, es un espacio íntimo, privado[12].

Al igual que la vita activa, la vita contemplativa tiene una serie de “actividades” que le son propias: el pensamiento, la voluntad y el juicio.

Además de estas diferencias en cuanto a “actividades”, las dos vitas se diferencias en otros aspectos. Uno de ellos es el referido al espacio en el que se dan cada una de las dos. La vita activa se da siempre en un espacio público, donde el ser humano puede estar en contacto con otros semejantes. En cambio, la contemplación solo es posible en un lugar solitario, privado, donde el sujeto no esté rodeado de otros hombres -o si lo está, deberá ser una esfera familiar-, donde se le permita centrarse en sí mismo.

Otra diferencia entre ambas sería que la vita activa sirve a las actividades del hombre, incluyendo todas aquellas que permiten remediar las necesidades biológicas del ser humano. Por el contrario, la vita contemplativa serviría para acercarse a una vida más espiritual, y alejarse de toda actividad mundana que de alguna forma nos “ata” a la Tierra.

Asimismo, entre ambas vitas existe otra distinción que tiene que ver con la mortalidad y la inmortalidad. La primera se acerca más a la vita activa, mientras que la segunda caracteriza más a la vita contemplativa debido a que tiene relación directa con lo eterno.

Quizás, la gran distinción, y más llamativa, entre ambas vitas sea la que corresponde a sus principales formas de expresión, como ya hemos visto. Por un lado la vita activa se pone de manifiesto a través de la labor, el trabajo y la acción; por otro, en la vita contemplativa nos encontramos con el pensamiento, la voluntad y el juicio. A raíz de esto, se puede observar como la estructura de ambas vitas son iguales, pudiendo interpretar, y relacionar de algún modo, la labor con el pensamiento, el trabajo con la voluntad, y la acción con el juicio.

En resumen, y como introducción a la concepción arendtiana en torno a la vita activa y la vita contemplativa, se puede afirmar que la gran diferencia entre ambas, yendo más allá de la mortalidad y la inmortalidad, sería el espacio donde se manifiestan. A raíz de esto, cada una de ellas tiene tres expresiones que son caracterizadas por la esfera en la que se manifiestan, la pública (vita activa: labor, trabajo y acción) y la privada (vita contemplativa: pensamiento, voluntad y juicio).

Notas

[1] ARENDT, Hannah. La condición humana. Barcelona: Paidós, 2005. p. 35.

[2] Ibid., p. 36.

[3] Ibid., p. 38.

[4] Ibid., p. 39.

[5] Ibid., p. 40.

[6] Ibid., p. 42.

[7] El proceso o juicio de Eichmann se celebró en Jerusalén. Eichmann fue un Teniente Coronel de las SS y uno de los máximos responsables del Holocausto. Hannah Arendt, debido a su ascendencia judía, presenció el juicio como reportera de la revista The New Yorker. Tras finalizar el proceso, escribió el libro titulado Eichmann en Jerusalén.

[8] Se refiere a la vita contemplativa.

[9] ARENDT, Hannah. La vida del espíritu. Barcelona: Paidós, 2002, p. 32.

[10] Ibid., p. 32.

[11] Ibid., p. 45

[12] Ibid., p. 32.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s