“Acción” en Hannah Arendt

Hannah Arendt en su obra La condición humana  expone su concepto “vita activa” que se fundamenta sobre las actividades de “labor”, “trabajo” y “acción”, siendo ésta la más importante, tanto en esta obra como a lo largo de toda su producción. Para Arendt, la acción es la única actividad del hombre que no necesita objetos extremos para poder llevarse a cabo (como si ocurre con la labor y el trabajo), sino que con la sola presencia de otros hombres se puede desarrollar. A partir de esta concepción, el principal producto de la acción es la política:

“La acción, única actividad que se da entre los hombres sin la mediación de cosas o materia, corresponde a la condición humana de la pluralidad, al hecho de que los hombres, no el Hombre, vivan en la Tierra y habiten en el mundo. Mientras que todos los aspectos de la condición humana están relacionados de algún modo con la política, esta pluralidad es específicamente la condición –no solo la conditio sine qua non, sino la conditio per quam– de toda la política”.[1]

Frente a esta acepción propia desarrollada por nuestra autora, según el DRAE, la acción se entiende como:

  • Ejercicio de la posibilidad de hacer.
  • Resultado de hacer.
  • Facultad derivada de un derecho subjetivo para hacer valer un juicio.

Si hacemos una relación entre ambas definiciones, se puede observar que la acción es un efecto del hacer, pero de un hacer político. Esto se desempeña en un espacio donde la presencia de otros hombres está garantizada y, por lo tanto, la acción –política– hace que todos los hombres tengan el derecho de exponer sus juicios.

A partir de esta definición, cabe preguntarse ¿qué es actuar?

“Actuar, en su sentido más general, significa tomar una iniciativa, comenzar, […], poner algo en movimiento”.[2]

 De este modo, al actuar, el hombre está iniciando algo. Es capaz de empezar de nuevo, de hacer y realizar actos:

“La acción no es la labor vital, ni es el trabajo productivo. La capacidad de actuar es la que hace de la vida algo valioso. Porque somos comenzadores, beginners, porque cada uno de nosotros anunciamos algo nuevo imprevisto, vivir sin actuar es como renunciar a la propia humanidad”.[3]

Aquí se expresa cómo solo la acción nos permite ser plenamente humanos, ya que ni la satisfacción de nuestras necesidades biológicas –labor– ni la creación de artefactos –trabajo– tienen la capacidad de manifestarse en compañía de otros. La labor y el trabajo pueden darse en la intimidad, pero, en cambio, la acción solo se puede llevar a cabo en un espacio donde se reúnan los hombres.

Como resultado de la acción el hombre desarrolla la capacidad que le es más propia: la capacidad de ser libre[4]. Esto es, que solo mediante la acción se puede alcanzar la libertad, y la acción según Arendt es política. Por tanto, lo que el hombre será libre cuando actúe políticamente.

Pero, ¿de dónde saca esta idea Arendt? La idea de que el hombre solo puede ser libre cuando actúa políticamente, la autora lo recoge de la antigua Grecia, concretamente del concepto de polis[5]. La idea de la ciudad–estado consistía en que muy pocos hombres –solo los que eran libres– podían desempeñar la política. De este modo al actuar en la polis, es decir, al hacer política, podían ser libres. Se trata, por tanto, de una retroalimentación, la libertad permitía la acción política, y ésta permitía la libertad.

La acción prácticamente es política, pero ¿se puede saber cuál será el resultado de la acción? La respuesta que da Arendt a esta pregunta es que no[6]. La acción puede tener un principio bien definido, pero, a partir de ahí, nunca se sabrá el final, por lo que actuar es un proceso impredecible, no podemos saber cuál será el resultado antes de llevar a cabo una acción.

Antes se ha dicho que la acción se llevaba a cabo entre semejantes y que la condición humana de la acción era la pluralidad. ¿En qué consiste la pluralidad? Ésta permite que se dé la igualdad de desiguales; pero ¿por qué esta igualdad de desiguales?

“Si los hombres no fueran iguales, no podían entender ni planear para el futuro las necesidades de los que llegarán después. Si los hombres no fueran distintos, es decir, cada ser humano diferenciado de cualquier otro que exista, haya existido o existirá, no necesitarían el discurso ni la acción para entenderse”.[7]

Es decir, el hombre pertenece a una misma especie, pero individualmente cada uno es diferente al resto. Esta diferenciación es la que permite que se pueda llevar a cabo la acción, y por tanto, la política, mediante el diálogo:

“La igualdad de desiguales utiliza el diálogo y no la fuerza para persuadir, para convencer”.[8]

Hay que decir respecto a lo anterior que es el diálogo usado mediante la acción el que permite hacer esa diferenciación entre hombres:

“Son los modos en que los seres humanos se presentan unos a otros, no como objetos físicos, sino qua hombres”.[9]

Pero no solo la acción y el discurso –diálogo– permiten que el hombre sea igual entre desiguales sino que hace posible que el hombre sepa quién es. De esta forma hacen pública su identidad, revelan su existencia a los demás.[10]

Resumiendo, lo que se ha visto hasta el momento es que la acción necesita la presencia de los demás, es decir, no puede darse en aislamiento. Si un individuo se aísla pierde toda la capacidad de actuar.[11]

Antes se ha visto que la polis era el espacio propicio donde se desarrollaba la acción en el mundo clásico griego. Esta esfera debe garantizarse antes de que se lleve a cabo la acción[12]. Pero, ¿por qué era tan importante la polis? La polis además de ser el espacio apropiado para realizar la acción, llevar a cabo la política, hacía que la acción fuera imperecedera. Su organización permitía que las generaciones venideras siguieran teniendo la misma estructura[13].

A partir de lo anterior, una definición exacta de la polis, según la autora, sería:

“La polis, propiamente hablando, no es la ciudad – estado en su situación física; es la organización de la gente tal como surge de actuar y hablar juntos, y su verdadero espacio se extiende entre las personas que viven juntas para este propósito, sin importar dónde estén”.[14]

Sabemos en qué consiste la acción y cuál es el espacio donde mejor se desarrolla. ¿Cómo se juzga entonces la acción? Según Arendt:

“A diferencia de la conducta humana […], la acción solo puede juzgarse por el criterio de grandeza debido a que en su naturaleza radica el abrirse paso entre lo comúnmente aceptado y alcanzar lo extraordinario […]”.[15]

Esto quiere decir que todo acto será juzgado dependiendo de la gloria que logre. Para ello no solo dependerá de la forma en que actúe el individuo, sino que serán los demás quienes deberán juzgar los actos del prójimo. Esta es otra razón por la que la acción debe darse en una esfera pública donde se reúnan los ciudadanos.

Anteriormente hemos comprobado que la acción no podría predecir su final, y eso es debido a que no podemos controlar los procesos que se deriven de ella. Cuando un hombre actúa no sabe el resultado que tendrá su actitud. Al realizar una acción, una consecuencia puede llevar a otra y, a su vez, puede tener un efecto en el que no se pensó previamente. Por eso, la acción no puede saber su final ni qué consecuencias intermedias puede tener. De este modo, de alguna forma, la acción alcanza la inmortalidad[16]. El primer acto del mundo produjo consecuencias que pueden llegar hasta nuestros días. De ahí las numerosas hipótesis que se producen sobre cómo sería esto o aquello si hubiera sido todo de otra manera.

Por último, otros aspectos que tienen relación directa con la acción son la natalidad y la muerte. El nacimiento está relacionado con la idea de comenzar que se ha visto antes, ya que la acción se encuentra en el periodo que va desde el nacimiento hasta la muerte. Arendt lo explica así:

“El lapso de vida del hombre en su carrera hacia la muerte llevaría inevitablemente a todo lo humano a la ruina y destrucción si no fuera por la facultad de interrumpirlo y comenzar algo nuevo, facultad que es inherente a la acción a manera de recordatorio siempre presente de que los hombres, aunque han de morir, no han nacido para eso sino para comenzar”.[17]

En resumen, la acción se produce para vivir, para que la vida no sea cíclica, no se dedique solo a las necesidades biológicas; sino que sirva para crear y comenzar, para vivir con otros hombres. El producto más importante de la acción es la política tal como se ha podido observar a lo largo de la exposición.

Notas

[1] ARENDT, Hannah. La condición humana. Cruz, Manuel (intr.). Barcelona: Paidós, 2005, p. 35.

[2] Ibid., p. 207.

[3] LARRAURI, Maite y MAX (ilus.). La libertad según Hannah Arendt. Valencia: Tàndem Edicions, 2001, p. 84.

[4] ARENDT, Hannah. Op. Cit., p. 15.

[5] El espacio de la polis se estudiará más adelante.

[6] ARENDT, Hannah. Op. Cit, p. 171.

[7] Ibid., p. 205.

[8] LARRAURI, Maite y MAX (ilus.). Op. Cit., p. 46.

[9] ARENDT, Hannah. Op. Cit., p. 206.

[10] Ibid., p. 208.

[11] Ibid., p. 216.

[12] Ibid., p. 221.

[13] Ibid., p. 224.

[14] Ibid., p. 225.

[15] Ibid., p. 224.

[16] Ibid., p. 253

[17] Ibid., p. 264.

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