“Labor” en Hannah Arendt

Hace unas semanas introducíamos el concepto “acción” en el pensamiento de Hannah Arendt dentro de su obra La condición humana. Hoy vamos a explicar otro de los términos centrales que se recogen en dicha obra, la “labor”.

La autora define la “labor” como sigue:

“Labor es la actividad correspondiente al proceso biológico del cuerpo humano, cuyo espontáneo crecimiento, metabolismo y decadencia final están ligados a las necesidades vitales producidas y alimentadas por la labor en el proceso de la vida. La condición humana de la labor es la vida misma”.[1]

 

Estas palabras muestran que Arendt relaciona la labor con toda actividad que tenga que ver con la supervivencia humana, es decir, con todo aquello que nos permite seguir vivos. Podemos relacionar el término, en un primer momento, con actividades que satisfacen nuestras necesidades biológicas, las que nos permiten crear y permanecer en la Tierra desde el nacimiento hasta la muerte como pueden ser la pesca, la ganadería o la agricultura.

A partir de aquí, podríamos añadir otra característica importante de la labor como es la productividad de la misma. Según palabras de la propia autora, nos encontramos con que todos los productos que se dan gracias a la labor se forman de manera incidental –que no tiene mayor importancia– y que lo fundamental es que se encarga de la propia reproducción, de permitir que la vida continúe.[2]

Esto permitiría añadir a las actividades vistas anteriormente –ganadería, agricultura y pesca– el proceso de reproducción. Éste permite que la existencia del ser humano perdure a lo largo del tiempo. Estas cuatro actividades podrían formar el bloque principal de la labor en nuestros días.

Hay que decir que todo lo anterior, en especial la ganadería, la pesca y la agricultura, no solo hacen que el hombre se aproveche en ese sentido de la naturaleza, sino que mediante esas actividades el hombre también le aporta algo, aunque en menor medida de lo que recibe.[3]

Ahora bien, hay algunos autores anteriores a Arendt que no entienden la labor como ella. La autora destaca a Adam Smith, John Locke y Karl Marx. A continuación, se recogen algunos fragmentos donde la pensadora expone los planteamientos de estos filósofos y la crítica que les hace:

Según Adam Smith la labor estaría más cerca del trabajo, pues se dedicaría a consumir todos los productos que éste realiza:

“[…] Smith califica de «labor productiva» a todas las actividades relacionadas con el consumo, como si esto fuera una despreciable y accidental característica de algo cuya verdadera naturaleza consistía en ser productivo.[4]

Aquí se ve que la labor productiva no se encarga de realizar esas actividades que satisfacen las necesidades biológicas, sino que son ejercicios consumistas. Esto hace que esté más cerca del trabajo –que fabrica objetos– (se verá en otra entrada posterior) que de la propia actividad laboral.

Otro autor al que critica Arendt es John Locke:

“[…] Locke y sus sucesores, dejando aparte sus propias intuiciones, persistieron tan obstinadamente en considerar la labor como fuente de la propiedad, de la riqueza, de todos los valores y, finalmente, de la misma humanidad del hombre”.[5]

Según Locke se puede entender la labor como toda actividad que no satisfaga las necesidades biológicas, sino que se encarga de todo aquello que tiene un valor material, económico. Esto es así por ser un filósofo liberal: en este tipo de pensamiento la propiedad y la riqueza estaban muy presentes, pero esto no tendría que caracterizar los valores de las personas. Arendt critica que este pensamiento liberal ponga por encima de toda la riqueza, y que ésta se relacione con la labor.

El último filósofo al que alude la autora en relación a la labor es Karl Marx:

“[…] basa toda su teoría en el entendimiento del laborar y procrear como dos modos del mismo fértil proceso de vida. Para él, la labor era la «reproducción de la propia vida de uno» que aseguraba la supervivencia del individuo, y procreación era la producción de «vida extraña» que aseguraba la supervivencia de la especie.[6]

Se ve como Marx estaría un poco más cerca de la teoría de Arendt al incluir la reproducción como una actividad de la labor. El matiz del pensamiento de Marx es que aplica el mismo valor a la reproducción que a la labor, lo que le lleva a definir la reproducción como labor.

Una vez visto los tres autores que se señalan en el libro por haber entendido de forma diferente la labor, seguiré exponiendo algún rasgo que la diferencian del resto de actividades: trabajo y acción.

Una de las características que es propia de la labor y que no poseen los otros dos términos es la durabilidad interminable que tiene la primera[7]. Esto quiere decir que la labor siempre está presente en la vida, desde el nacimiento hasta la muerte del individuo. El motivo está muy claro: si la labor se encarga de las necesidades biológicas, siempre debe estar presente.

A partir de aquí se pueden añadir a las actividades vistas anteriormente –ganadería, pesca, agricultura y reproducción– otras como son el ejercicio de alimentarse o el descanso. Estas últimas permiten que el hombre siga sobreviviendo en la Tierra y que pueda alargar su estancia. Todos estos mecanismos de la labor hacen que el cuerpo humano se concentre en estar vivo[8]. Por eso precisamente Arendt defiende la labor como el proceso por el cual el hombre satisface sus necesidades.

Finalmente, Arendt expresa que la labor se puede dividir entre hombres, pero que esta distinción no implica que se olvide de satisfacer más a unos que a otros, sino que es una división que crea una estructura única para satisfacer las necesidades de todos[9].

Por último, y a raíz de lo visto anteriormente, se puede concluir diciendo que la labor enmarca todas aquellas actividades que se encargan de que el hombre siga vivo. En este sentido se puede decir que gran parte de las actividades, que, según mi punto de vista, engloba la labor –ganadería, pesca, agricultura, reproducción, alimentarse y descansar– formarían los procesos más importantes que permiten que el hombre siga existiendo y satisfaga sus necesidades biológicas más elementales.

 

Notas

[1] ARENDT, H. (2005). La condición humana. Barcelona: Paidós, p. 35.

[2] Ibid., p. 112.

[3] Ibid., p. 123.

[4] Ibid., p. 123.

[5] Ibid., p. 124.

[6] Ibid., p.  125.

[7] Ibid., p. 125.

[8] Ibid., p. 131.

[9] Ibid., p. 139.

 

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