Los vestigios de Grecia

¿Qué nos ha dejado como legado la antigua Grecia? ¿En qué aspectos podemos encontrar restos de esta civilización? A veces, pasan desapercibidas ante nuestros ojos. Estamos acostumbrados a ver ciertos monumentos o a escuchar algunas palabras sin pararnos a pensar dónde tienen su origen. Y lo cierto es que, muchas de ellas, tienen un principio común: Grecia.

En arquitectura, ¿quién no ha admirad la belleza de la Acrópolis de Atenas, el Partenón o el Templo de Zeus? Estas obras, tras miles de años, aún siguen en pie. Esto nos da una muestra de la grandeza de sus construcciones, un fiel reflejo de la solidez de la sociedad que las construyó. Además, también aportan importantes datos sobre sus costumbres o sus importantes avances en ciencia. ¿Cómo es posible que, hace tantos siglos, sin tantos avances en la construcción, pudieran erigir monumentos tan resistentes al paso del tiempo? A ellos les debemos también la invención de los capiteles de columnas dóricas, jónicas y corintias. También, en los grandes palacios atenienses, se han encontrado frescos que reflejan el día a día de los ciudadanos y, en la actualidad, aún podemos contemplar esculturas como el David de Miguel Ángel o el Discóbolo de Mirón, ambos basados en el canon de belleza griega.

En política, le debemos a Grecia el origen de la democracia tal como la conocemos hoy. En el siglo V a.C, esta era la forma de gobierno que se utilizaba en Atenas y otras polis. La palabra “democracia” proviene de ‘demos’ (en griego δῆμος), que significa ‘pueblo’ y krátos (en griego κράτος), que significa ‘poder’. De aquí deducimos, pues, que la democracia es aquella forma de gobierno cuyo poder reside en el pueblo. También relacionado con política, encontramos otras formas de gobierno que se acuñaron en esta época y cuya denominación se mantiene aún en la actualidad, aunque en ocasiones el sentido que se les ha dado haya variado: monarquía (de μόνος ‘uno’ y de ἀρχός ‘líder’, es decir, un sólo líder), aristocracia (de ἀριστός ‘mejor’ y de κράτος, ‘poder’, es decir, el poder de los mejores) u oligarquía (de ὀλίγος ‘pocos’ y de ἀρχός ‘líder’, es decir, pocos líderes). También podemos añadir términos como “ostracismo” (procedente de ὄστρακον ‘concha’ por ser el lugar donde se escribían los nombres en esta práctica) o la misma palabra “política”, que proviene de πολιτικος, referente a la pólis, al ordenamiento de la ciudad.

En nuestra lengua (y otras muchas), la sociedad griega ha hecho importantes aportaciones. Es cierto que muchas palabras provienen anteriormente del latín, pero muchos términos médicos y de las ciencias tienen su origen en Grecia. Es el caso de biología (de βίoς, ‘vida’ y λόγος, ‘estudio’), de fonética (de φωνή, ‘sonido’) o de técnica (de τέχνη, ‘arte’). También ha aportado sufijos del tipo τέτρα (“tetra-“, cuatro) o ἑξά (hexa-“, seis).

Por último, en cuanto al aporte a la cultura y al pensamiento, encontramos, por un lado, a grandes filósofos de la antigüedad, como Platón y Aristóteles, cuyas ideas y pensamientos persisten hoy en día. Además, gran parte de los orígenes del teatro está en esta civilización. Gracias a las fiestas que realizaban en honor al dios Baco (el dios del vino y de las fiestas), surgieron las tragedias. Podemos destacar a Sófocles, el autor de Edipo Rey, o a Eurípides. Es fundamental también destacar a personajes como Pitágoras en el ámbito de las matemáticas, o a Hipócrates, quien aseguró que las enfermedades eran producto de afecciones del cuerpo y no magia, como se creía. De esta forma, surgió la medicina. En historia, Heródoto y Tucídides empezaron a considerar la historia como algo de lo que aprender y no como un simple relato para ensalzar un pueblo. En deporte, destaca la creación de los Juegos Olímpicos, de los que aún disfrutamos en la actualidad.

 

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Breve historia de las bibliotecas

Introducción

Desde la invención del libro como formato físico, la humanidad ha tenido la necesidad de guardar este tipo de documentos en un lugar que favorezca su preservación. De esta forma, se establecieron edificios especializados con el objetivo de custodiar el conocimiento recogido y favorecer, aunque en muchos casos limitadamente, el acceso a ellos. A continuación, se recoge una breve recopilación de la historia de estas construcciones, llamadas “bibliotecas” en la mayoría de los casos, que han permitido que gran parte del conocimiento pasado pueda ser estudiado y compartido en la actualidad.

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Biblioteca del Trinity College

¿Qué es una biblioteca?

El concepto de ‘biblioteca’ se puede referir tanto a un espacio físico como a uno no físico. Etimológicamente ‘bibliotheque’ se refiere a «caja de libros o caja para guardar libros y documentos». Hasta el siglo XVIII, se utilizaba el término ‘librería’, pero, desde entonces, en los países latinos (España, Francia, Italia, etc.) comenzó a usarse el concepto de ‘biblioteca”. Sin embargo, en los países anglosajones se sigue utilizando el término ‘library’.

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“Los libros y la libertad”, de Emilio Lledó

Lledó, Emilio. (2014). Los libros y la libertad. 4ª edición. Barcelona: RBA Libros.

Los libros forman parte de la vida de las personas, pues son capaces de acompañarlas en ella e, incluso, moldearla hasta hacernos crecer en nuestra concepción del mundo y, por qué no, ayudarnos a nosotros mismos en dicha tarea personal. A lo largo de Los libros y la libertad el filósofo y ganador del Premio Princesa de Asturias 2015, Emilio Lledó, describe lo que ha significado para él el libro como objeto y algunos de los títulos leídos en su dilatada carrera filosófica. Para ello, las páginas recopilan numerosos textos que, aun siendo independientes entre sí muchos de ellos, se entretejen permitiendo que el lector tenga una idea global de todo el contenido, y pueda llegar a las tesis que defiende el autor, sin perderse entre un capítulo y otro.

La obra de Lledó sumerge al lector en un triángulo que tiene como trasfondo la cultura y cuyos vértices son el libro, la memoria y el lenguaje. Para rellenar su contenido, no duda en compartir sus vivencias. Para ello realiza un recorrido por algunos de los autores clásicos que, de una forma u otra, han influido con sus pensamientos, planteamientos y vivencias en su obra, como son los casos de Platón, Aristóteles, Sófocles, Tucídides, Erasmo de Rotterdam, Nietzsche, Humboldt o María Zambrano, entre otros.

La invención de la escritura, y con ella del libro, señala Lledó, permitió la supervivencia de la cultura a lo largo del tiempo, favoreciendo el sustento cultural a lo largo del tiempo y acabar con lo efímero y el olvido. Con el libro y el lenguaje escrito se pasa de una cultura oral a una escrita que posibilita el crecimiento de la libertad y de las relaciones en la sociedad a la vez que propicia la necesidad de seguir conociendo a través de la thaumasia y la filosofía.

El filósofo continúa su exposición entretejiendo el lenguaje, partiendo de la teoría de Humboldt, con todos los ámbitos de la vida como puede ser la política y la identidad. Estos elementos nos permiten, en palabras de Lledó, construir nuestra propia patria y para ello rememora a María Zambrano. Junto a estas reflexiones, defiende la cultura como paideía, y no duda en arremeter contra las nuevas formas de “cultura” que promueven, entre otros medios, la televisión.

Por último, Lledó vuelve a retomar el lenguaje unido a los libros para recordar al lector todo lo que nos permite y que se sostiene en la capacidad de repensar ayudándonos, para ello, de los clásicos, de las obras que marcaron una época y que fueron capaces de sobrevivir en el tiempo como pueden ser la Ética y la Política de Aristóteles o las obras de Erasmo, entre otros muchos. Estas obras permiten que el lector, según el autor, establezca un diálogo con él mismo, que interiorice las palabras, llegando a convertir a los libros en sus compañeros, en sus amigos.

Con los libros abrimos, pues, toda una sucesión de voces singulares, de pasados individuales que, por ese medio, han logrado escapar al fluido uniforme de la temporalidad y liberarse de la claudicación que supone el saber que lo que hablamos se esfuma y diluye en sus instantes. Los libros recogen la vida singular de quien con las letras supera la desaparición del «aire semántico» que condiciona y define, como decía el poeta, el carácter efímero del existir (p. 137).

“De animales a dioses”: progreso y mito en la historia

HARARI, Yuval Noah. De animales a dioses. 4ª edición. Barcelona: Debate, 2014.

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Introducción

¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Se puede hablar de progreso en el devenir histórico? ¿De retroceso? ¿Avanza el individuo a la vez que lo hace el conjunto de la humanidad? En definitiva, ¿qué es la historia? ¿Qué se puede entender por historia? Cualquier persona, en algún momento, se ha planteado estas cuestiones y ha intentado darles respuestas. Son muchos los autores que también han reflexionado y han llevado a cabo sus planteamientos en torno a esas preguntas. Una de las propuestas más recientes en relación a esos interrogantes que se plantea la Filosofía de la Historia ha sido la del autor israelita Harari en su última publicación que lleva por título De animales a dioses.

A continuación, se recogen dos de los planteamientos que se encuentran en dicha obra y que tienen, a mi parecer, un papel destacado a la hora de enfrentarnos a esas cuestiones iniciales que tienen como fin último conocer la historia; en definitiva, encontrar una respuesta al interrogante de quiénes somos. La primera de estas propuestas ya fue defendida por el filósofo prusiano Immanuel Kant (1724-1804) en un breve escrito, Probable inicio de la historia humana (escrito en 1785 y publicado un año más tarde), que viene a exponer que la evolución de la humanidad trae consigo un perjuicio en las condiciones individuales del sujeto. Otro de los argumentos que se recogen en el libro de Harari, y que se mostrará en el ensayo, es el papel fundamental del mito en la historia a la hora de establecer la cooperación entre los individuos y el progreso resultante a partir de ella.

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