¿Qué nos dice la filosofía sobre el amor?

Por todos es sabido que la filosofía se ocupa, y se ha ocupado siempre, de aquellas cuestiones que preocupan al ser humano. Históricamente, diferentes pensadores han expresado su opinión sobre qué es el amor, qué significa o qué representa. Se han escrito numerosos libros, tratados y artículos en busca de una aproximación lo más fiel posible a aquello que se entiende con este concepto. En esta entrada realizaremos un recorrido histórico por aquellos pensadores que han tratado este asunto:

El filósofo y político griego Empédocles (495 a.C- 4434 a.C) expuso que el Amor y el Odio eran las dos fuerzas espirituales encargadas del movimiento de los cuatro elementos principales que conforman la realidad. Él fue el primer pensador de la historia de la filosofía que utilizó este concepto en sus explicaciones.

Posteriormente, Platón (427 a.C – 347 a.C) en su obra Fedro, desarrolló los conceptos del amor, el sexo, el deseo o la locura. También escribió la obra El Banquete, cuyo tema principal es el amor. En él se personifica a Eros, el dios del amor y el deseo, como uno de los personajes que contribuyen al desarrollo de la misma. Ambos escritos afianzan el concepto de “amor platónico” que tanto se relaciona con este autor. No sólo se trata el concepto con relación al deseo hacia otra persona, sino en muchas otras variantes, como el amor como enfermedad, como desenfreno o el que se llevaba a cabo en los rituales místicos. Además, expresa que éste puede ser legítimo (y, por lo tanto, bueno) o ilegítimo (en esta ocasión, malo). En el caso de su diálogo El Sofista explica las relaciones de éstos filósofos con el conocimiento.

El autor griego Aristóteles (384 a.C – 322 a.C) define en sus obras el amor no sólo como fuerza que une a dos cuerpos, sino también lo hace en sus vertientes de amistad, familia, política o dentro de la polis. En ocasiones, afirma que quien siente amor por lo que hace, obrará de forma correcta y legítima, mientras que, quien no lo sienta, actuará en contra de lo que es correcto.

Con la llegada del cristianismo a las culturas occidentales, el amor adquiere un sentido completamente nuevo y un enfoque diferente a lo que se había tratado antes: en este punto de la historia es Dios la fuente de amor y perfección. Se explica que el amor al prójimo es un reflejo del que se siente por Dios y, en consecuencia, por la vida, pues todo lo que en ella existe es obra de su creación. Este pensamiento queda reflejado, por ejemplo, en la obra de San Clemente de Alejandría. Otros autores del cristianismo, como San Agustín de Hipona, defienden que el camino a la liberación y al libre obrar se alcanza a través del amor entendido de esta manera. En una de sus obras, afirma que “el amor es una perla preciosa que, si no se posee, de nada sirven el resto de las cosas, y si se posee, sobra todo lo demás”.

Para Baruch Spinoza (1632-1677) en su obra Ética demostrada según el orden geométrico, más concretamente en la Parte III, se habla de la teoría de las pasiones. En ella, Spinoza expone que hay pasiones primarias y pasiones secundarias. Las primarias son únicamente tres, mientras que en las secundarias destaca dos más relevantes: el amor y el odio. Para él, el amor nace de la alegría y el odio de la tristeza. Por ese motivo, concluye diciendo que solo amamos lo que nos alegra y son éstos los actos que debemos llevar a cabo para encontrar nuestra verdadera esencia.

Más en la actualidad, encontramos a pensadores como Jean-Paul Sartre (1905-1980) que dan al concepto de amor un sentido existencialista. Para él, el objetivo de todo ser humano debe ser encontrar su propia libertad llevando a cabo una serie de actos que se rijan por normas internas y nunca externas. En este sentido, entiende que el amor es la unión de la libertad de dos personas, de dos libertades que se entienden, complementan y respetan. Estas dos libertades eligen qué forma tienen de relacionarse entre sí. Este pensamiento también fue compartido por su compañera de vida Simone de Beauvoir (1908-1986), quien también entendió este término como la esencia de la libertad humana.

Para el filósofo Bertrand Russell (1872-1970), el amor es una pasión que se manifiesta en los seres humanos como una fuerza que les impulsa y les ayuda a vivir. En sus obras defendió la sexualidad y las relaciones extramatrimoniales como algo común y no inmoral si realmente existe el amor. Esta idea tan común en la actualidad desencadenó toda una serie de protestas y malestares sociales en su época.

Años más tarde, José Ortega y Gasset (1883-1955) escribió una obra llamada Estudio sobre el amor, donde pueden encontrarse cortos ensayos sobre el tema, tales como Amor en Stendhal, La elección en el amor o Para una psicología del hombre interesante. Todos ellos tienen este concepto como hilo argumental central. Se centra en el término de “enamoramiento” para explicar lo que para él significa: la unión de dos perfecciones en una sola individualidad con el objetivo de alcanzar una perfección única.

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La pasión por los libros de Michel de Montaigne

Michel de Montaigne, creador del género ensayístico en pleno siglo XVI, no pasó la oportunidad de escribir en sus famosos Ensayos sobre los libros. A lo largo del capítulo X del Libro II “Los libros”, hace un recorrido por aquellos títulos, autores preferidos y sus gustos y preferencias, que forman parte esencial de su vida y su filosofía. En las páginas que conforman el capítulo, permite que el lector conozca cómo pueden hacer que cambien una vida, la forma de ver y de entender el mundo.

La idea principal que se puede extraer del capítulo es que nuestro escritor es un asiduo lector de los clásicos. A través de las páginas nos va mostrando cómo se sirve de las lecturas, sobre todo de autores de la antigua Roma, para intentar comprender y conocer su propia persona, su propio juicio. Nos encontramos un autor que no duda en opinar de todo, aunque no tenga un amplio conocimiento sobre el tema en cuestión. También destaca su capacidad crítica, no solo hacia otros autores, sino también hacia sí mismo, pues no le importan aceptar y reconocer su propia ignorancia. Prefiere ser sabio en el arte de vivir y morir que no un teórico con un amplio surtido de conocimientos. Sigue leyendo

“Acción” en Hannah Arendt

Hannah Arendt en su obra La condición humana  expone su concepto “vita activa” que se fundamenta sobre las actividades de “labor”, “trabajo” y “acción”, siendo ésta la más importante, tanto en esta obra como a lo largo de toda su producción. Para Arendt, la acción es la única actividad del hombre que no necesita objetos extremos para poder llevarse a cabo (como si ocurre con la labor y el trabajo), sino que con la sola presencia de otros hombres se puede desarrollar. A partir de esta concepción, el principal producto de la acción es la política:

“La acción, única actividad que se da entre los hombres sin la mediación de cosas o materia, corresponde a la condición humana de la pluralidad, al hecho de que los hombres, no el Hombre, vivan en la Tierra y habiten en el mundo. Mientras que todos los aspectos de la condición humana están relacionados de algún modo con la política, esta pluralidad es específicamente la condición –no solo la conditio sine qua non, sino la conditio per quam– de toda la política”.[1]

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