¿Fracasar? Sí (Parte 2)

Hace unas semanas hablábamos del fracaso y cómo encontramos dos visiones del mismo, una anglosajona y otra continental. Hoy, siguiendo el hilo argumental de la obra Las virtudes del fracaso, continuamos analizando el fracaso desde otros puntos de vista no tradicionales.

Uno de los aspectos que se trata en la obra es cómo el fracaso permite conocer la humildad, volver a ella cuando se ha perdido, además de permitir un nuevo comienzo:

La palabra humildad viene del latín humulitas, derivado de humus, que significa “tierra”. Fracasar es a menudo “volver a bajar a la tierra”, dejar de tomarse uno por Dios o por un ser superior, curarse de la fantasía infantil de omnipotencia que nos lleva a menudo a estrellarnos contra la pared. Es retomar contacto, aprender de nuevo a mirarse como uno es, con realismo, lo cual puede ser una sólida baza en la construcción de una existencia bien cosnseguida.

Para ilustrar esta enseñanza que ofrece el fracaso, el autor no duda en recurrir a un ejemplo por casi todos conocidos: el fracaso de Steve Jobs y su despido de Apple en su primera etapa en la compañía tras su fundación.

Gracias a ese despido, Jobs bajó a la tierra y se liberó hasta tal punto que gracias a ello fundó una nueva empresa dedicada a la fabricación de software (que posteriormente compró Apple) y adquirió el estudio de producción de dibujos animados Pixar. Según el propio, Steve, en una famosa conferencia impartida en la Universidad de Stanford en 2005: “Aquello me liberó y me permitió entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida… Fue un medicamento horrible, pero creo que el paciente lo necesitaba”.

De igual forma, el autor expone que en el mundo deportivo o artístico, siempre se ha de estar alerta. Cuando siempre se gana o se consigue lo que uno se propone nunca se está listo para un tropiezo o una derrota. Por eso mismo es importante el fracaso, porque nos mantiene con los pies en la tierra y permite “insuflarle nuevamente -al atleta, artista, persona en general- esa chispa de duda sin la cual el talento no puede dar todo su potencial”.

El fracaso permite, por tanto, reencontrarnos con la humildad y con nosotros mismos y, a partir de ahí, crecer y comenzar de nuevo, enfrentarnos a nuevos retos y oportunidades que, sin él, habrían pasado desapercibidas.

El fracaso nos hace humildes y eas humildad es con frecuencia el comienzo del éxito.

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¿Fracasar? Sí (parte 1)*

Vivimos en una sociedad donde el fracaso está mal visto, pero ¿y si el fracaso no fuera malo, sino todo lo contrario? Hace unos meses, se publicó la obra del filósofo francés Charles Pepin, Las virtudes del fracaso. En ella, a través de numerosos ejemplos de grandes personalidades como Steve Jobs o Rafael Nadal y basándose, también, en el pensamiento de autores como Freud o Nietzsche, se muestra cómo la sociedad impone que el fracaso es algo que hay que evitar a toda costa por las repercusiones negativas que trae consigo y que todos, en menor o mayor medida, conocemos.

El autor comienza diciendo que existe una visión continental en la que estamos inmersos, frente a una visión anglosajona que se contrapone. En la primera reconoce que, si fracasamos, nuestras oportunidades se reducen, o al menos eso nos hace creer la sociedad. En la segunda, fracasar no significa aparentemente nada, únicamente un mayor grado de experiencia que nos servirá en futuros intentos y momentos de nuestras vidas.

Para ilustrar esta última visión, pone el ejemplo de acceso a los estudios de Medicina de una universidad estadounidense. En ella admiten antes a aquellos alumnos que han intentado antes otra carrera que a los que quieren acceder a una titulación universitaria por primera vez. ¿Por qué? Porque según la universidad, aquellos alumnos que ya han probado con otros estudios y se decantan por estudiar después Medicina tienen realmente claro que eso es lo que quieren, frente a aquellos que se matriculan por primera vez y que, quizá,  terminen abandonando.

Con esto, el autor quiere decir que los aparantes fracasos que pudieran derivarse de no acertar a la primera no son tales, sino que de ellos podemos extraer la enseñanza de que realmente lo que nos gusta es otra cosa. En palabras del filósofo, podemos ilustrar esta idea de la siguiente forma: Vale más un fracaso rápido y rápidamente rectificado que ningún tropiezo. Todo fracaso trae consigo una enseñanza.

 

 

* En sucesivas entradas se seguirá analizando el contenido de la obra.