La importancia de cuidar nuestra lengua

Hace unos días os recomendábamos en nuestro Instagram la lectura del ensayo en defensa del griego clásico de Andrea Marcolongo “La lengua de los dioses: nueve razones para amar el griego”. En él se exponen las razones por las que esta lengua aún sigue vigente y es importante. En relación con esto, hoy queremos hablaros de la importancia de cuidar el español y, sobre todo, aprender de él, pues es una lengua romance que aún conserva gran parte de estos orígenes clásicos.

En un mundo cada vez más globalizado, el fenómeno de contacto entre lenguas es una realidad. Esto es algo que ocurre desde el inicio de las sociedades, pues unas se enriquecen de otras, tanto en idioma como en cultura o creencias. Sin embargo, en los últimos tiempos, es el inglés (gracias a la creciente hegemonía de los Estados Unidos) quien ejerce una presión mayor sobre el resto de los idiomas. Además, la existencia de redes sociales y medios de comunicación hacen que este contacto sea prácticamente inevitable. Ya no solo las personas con conocimientos en esta lengua tienden a utilizarla, sino que todo el mundo queda expuesto a su influencia.

Debido también al desconocimiento de la propia lengua, tendemos a utilizar palabras inglesas para explicar términos con un equivalente en español. ¿Nos hemos preguntado, acaso, qué ocurre con las palabras españolas que dejan de ser utilizadas? Pronto pasan a formar parte de la lengua pasiva de una sociedad, de ese grupo de palabras que se conocen, pero no se usan por considerarse “anticuadas”. En ocasiones, se justifica el uso de anglicismos por “estar más a la moda” que los nuestros. Sin embargo, este nunca puede ser considerado un motivo de peso, porque no hace más que afectar a nuestro patrimonio léxico.

Es también necesario puntualizar que muchos de los avances tecnológicos que se producen tienen su origen en países de habla inglesa. Por esta razón, muchos de los neologismos deben ser acuñados allí y así es como nos llegan. A pesar de ello, existen métodos de naturalización de palabras para adaptarlas a la grafía, la fonética y el uso de la lengua receptora.

En definitiva, es fundamental conocer la propia lengua para evitar que, en un futuro (quizá no muy lejano) siga manteniendo su identidad. De no hacerlo, pronto podríamos alcanzar una lengua universal unificada. Este hecho presentaría sus pros y sus contras: por un lado, la comunicación entre pueblos sería mucho más sencillas, pero, por otro, se perdería la riqueza que tiene la variedad de personas, dialectos y lenguas del mundo. Para lograr este objetivo, existen recursos, tanto online como en formato físico, que ayudan a buscar sinónimos y alternativas al alud de términos extranjeros que llegan hasta el español.

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Los vestigios de Grecia

¿Qué nos ha dejado como legado la antigua Grecia? ¿En qué aspectos podemos encontrar restos de esta civilización? A veces, pasan desapercibidas ante nuestros ojos. Estamos acostumbrados a ver ciertos monumentos o a escuchar algunas palabras sin pararnos a pensar dónde tienen su origen. Y lo cierto es que, muchas de ellas, tienen un principio común: Grecia.

En arquitectura, ¿quién no ha admirad la belleza de la Acrópolis de Atenas, el Partenón o el Templo de Zeus? Estas obras, tras miles de años, aún siguen en pie. Esto nos da una muestra de la grandeza de sus construcciones, un fiel reflejo de la solidez de la sociedad que las construyó. Además, también aportan importantes datos sobre sus costumbres o sus importantes avances en ciencia. ¿Cómo es posible que, hace tantos siglos, sin tantos avances en la construcción, pudieran erigir monumentos tan resistentes al paso del tiempo? A ellos les debemos también la invención de los capiteles de columnas dóricas, jónicas y corintias. También, en los grandes palacios atenienses, se han encontrado frescos que reflejan el día a día de los ciudadanos y, en la actualidad, aún podemos contemplar esculturas como el David de Miguel Ángel o el Discóbolo de Mirón, ambos basados en el canon de belleza griega.

En política, le debemos a Grecia el origen de la democracia tal como la conocemos hoy. En el siglo V a.C, esta era la forma de gobierno que se utilizaba en Atenas y otras polis. La palabra “democracia” proviene de ‘demos’ (en griego δῆμος), que significa ‘pueblo’ y krátos (en griego κράτος), que significa ‘poder’. De aquí deducimos, pues, que la democracia es aquella forma de gobierno cuyo poder reside en el pueblo. También relacionado con política, encontramos otras formas de gobierno que se acuñaron en esta época y cuya denominación se mantiene aún en la actualidad, aunque en ocasiones el sentido que se les ha dado haya variado: monarquía (de μόνος ‘uno’ y de ἀρχός ‘líder’, es decir, un sólo líder), aristocracia (de ἀριστός ‘mejor’ y de κράτος, ‘poder’, es decir, el poder de los mejores) u oligarquía (de ὀλίγος ‘pocos’ y de ἀρχός ‘líder’, es decir, pocos líderes). También podemos añadir términos como “ostracismo” (procedente de ὄστρακον ‘concha’ por ser el lugar donde se escribían los nombres en esta práctica) o la misma palabra “política”, que proviene de πολιτικος, referente a la pólis, al ordenamiento de la ciudad.

En nuestra lengua (y otras muchas), la sociedad griega ha hecho importantes aportaciones. Es cierto que muchas palabras provienen anteriormente del latín, pero muchos términos médicos y de las ciencias tienen su origen en Grecia. Es el caso de biología (de βίoς, ‘vida’ y λόγος, ‘estudio’), de fonética (de φωνή, ‘sonido’) o de técnica (de τέχνη, ‘arte’). También ha aportado sufijos del tipo τέτρα (“tetra-“, cuatro) o ἑξά (hexa-“, seis).

Por último, en cuanto al aporte a la cultura y al pensamiento, encontramos, por un lado, a grandes filósofos de la antigüedad, como Platón y Aristóteles, cuyas ideas y pensamientos persisten hoy en día. Además, gran parte de los orígenes del teatro está en esta civilización. Gracias a las fiestas que realizaban en honor al dios Baco (el dios del vino y de las fiestas), surgieron las tragedias. Podemos destacar a Sófocles, el autor de Edipo Rey, o a Eurípides. Es fundamental también destacar a personajes como Pitágoras en el ámbito de las matemáticas, o a Hipócrates, quien aseguró que las enfermedades eran producto de afecciones del cuerpo y no magia, como se creía. De esta forma, surgió la medicina. En historia, Heródoto y Tucídides empezaron a considerar la historia como algo de lo que aprender y no como un simple relato para ensalzar un pueblo. En deporte, destaca la creación de los Juegos Olímpicos, de los que aún disfrutamos en la actualidad.

 

En defensa de las Humanidades

En una sociedad cada vez más tecnológica cuya única intención es avanzar hacia novedades digitales que nos simplifiquen la vida, ¿hay espacio para todos aquellos saberes que no tienen un fin más que el avance humano, literalmente; que la mejora de las personas como lo que son, con intereses e inquietudes más allá de lo que la ciencia puede abarcar? Sin idiomas, la comunicación sería prácticamente imposible; sin conocer nuestra historia cometeríamos siembre los mismos errores; sin filosofía, ¿quién nos enseñaría a pensar de manera crítica? Son muchas las disciplinas humanísticas que nos facilitan la vida a diario, aunque en muchas ocasiones no seamos conscientes de ello.

Los que decidimos que nuestro futuro (y sobre todo lo que nos gustaba realmente) estaba en las letras puras, hemos tenido que soportar más de una vez comentarios del tipo “eso no vale para nada”. En momentos así, muchos de nosotros hemos respirado hondo en un intento por no desesperarnos. Solo hace falta pararse a pensar en la vida de una persona para darse cuenta de qué pasaría sin muchos de los que seguimos trabajando por mejorar estas disciplinas. Cuando un niño es pequeño, aprende a leer sin saber que, muchas de las palabras que articula, tienen su origen en la sociedad griega y romana (aún muchos de vosotros llegaríais a sorprenderos de lo mucho que podría aportar la etimología a vuestras vidas). Más tarde, ese chico empieza a hablar y utiliza su idioma materno (u otros que adquiere) para relacionarse con el medio. Cuando crece, empieza a cuestionarse todo lo que le rodea. Quizá no nos encontramos ante el nuevo Platón o el mismísimo Marx, pero ahí está, tratando de entender desde el mayor número de perspectivas posibles los problemas a los que se enfrenta. Y entonces descubre a la mejor amiga de adolescencia que uno puede tener: la Filosofía. Si un día decide leer sobre lo que ocurrió en su país años atrás para entender las circunstancias actuales, siempre podrá acudir a la Historia. ¿Qué hay de la Antropología, el Derecho, o la Pedagogía? ¿Quién podría visitar un museo o un país extranjero sin tener ni idea de Historia del Arte?

En mi opinión, veo necesario que todas las personas tengan un mínimo de cultura humanística, ya que gran parte de lo que llamamos “cultura general” radica en estos estudios. Es cierto que hablar latín o griego clásicos no va a salvarle la vida a nadie, pero saber de dónde procedemos y dónde están nuestros orígenes es algo que siempre nos hará comprender un poco mejor las incógnitas que rodean la vida. También considero que el respeto hacia las personas que sí dominan estas disciplinas es necesario, ya que muchas veces se nos menosprecia y se nos dice que “lo que hacemos es más fácil que algo de ciencias”. ¿Cuántos de vosotros habéis sufrido horas y horas traduciendo al interminable César, al divertido Esopo o al enamorado Catulo?

Por otro lado, creo el debate que se genera constantemente entre “ciencias-letras” es innecesario. Una rama del conocimiento no podría seguir progresando sin la otra, y viceversa. Además, no podemos pretender que nuestra sociedad avance si coartamos a los jóvenes a estudiar aquello que les gusta simplemente porque “no sea rentable” o “porque eso no vaya a darle de comer”. ¿Qué pasará en un futuro (no muy lejano, lamentablemente) cuando ya no queden estudiosos de la historia, la arqueología, las lenguas muertas y nuestros antepasados en general? ¿de verdad es necesario condenarnos a una pérdida cultural tan grande? ¿qué hubiera sido de muchos, científicos, sin aquellos primeros humanistas?

Os dejamos este artículo para aportar más información y puntos de vista: El descender de las Humanidades