“Acción” en Hannah Arendt

Hannah Arendt en su obra La condición humana  expone su concepto “vita activa” que se fundamenta sobre las actividades de “labor”, “trabajo” y “acción”, siendo ésta la más importante, tanto en esta obra como a lo largo de toda su producción. Para Arendt, la acción es la única actividad del hombre que no necesita objetos extremos para poder llevarse a cabo (como si ocurre con la labor y el trabajo), sino que con la sola presencia de otros hombres se puede desarrollar. A partir de esta concepción, el principal producto de la acción es la política:

“La acción, única actividad que se da entre los hombres sin la mediación de cosas o materia, corresponde a la condición humana de la pluralidad, al hecho de que los hombres, no el Hombre, vivan en la Tierra y habiten en el mundo. Mientras que todos los aspectos de la condición humana están relacionados de algún modo con la política, esta pluralidad es específicamente la condición –no solo la conditio sine qua non, sino la conditio per quam– de toda la política”.[1]

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Ética y democracia: Búsqueda de un lenguaje común para la dignidad humana

Introducción

En un mundo globalizado como el actual, en el que vivimos, hace falta una ética global que haga de la vida humana una existencia digna. Esto es lo que defiende en términos generales la filósofa española Amelia Valcárcel en su libro Ética para un mundo global. Una apuesta por el humanismo frente al fanatismo. A través de las siguientes páginas se muestra este planteamiento y se explica en qué consiste. Para ello, la exposición se centra, fundamentalmente, en los argumentos recogidos en dos capítulos: “II. Derechos Humanos: la tabla de mínimos” y “III. Moral y cultura de la democracia o la democracia como pedagogía”. Además, se realizan numerosas referencias a otras obras de la propia autora y de otros filósofos para completar el contenido.

Para Valcárcel términos como el de “tolerancia” o el de “compasión” serán fundamentales a la hora de desarrollar su argumento que girará, principalmente, en torno a la Declaración Universal de Derechos Humanos y en la defensa de una sociedad democrática. Nos encontraremos respuestas a preguntas como, por ejemplo, ¿por qué es necesario una ética global? ¿Por qué la democracia garantizaría una ética global? ¿Qué es para la autora una democracia? Todas ellas permitirán al lector acercarse al objetivo de la exposición: ver la ética y la democracia como un lenguaje común que garantice la dignidad humana.

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“Feminismos europeos, 1700-1950. Una historia política”, de Karen Offen

OFFEN, Karen. Feminismos europeos, 1700-1950. Una historia política. Tres Cantos (Madrid): Akal, 2015.

Son muchos los autores que defienden una lectura de la historia mucho más crítica que sea capaz de sacar del olvido todos aquellos planteamientos y sujetos que han sido abandonados en cajones oscuros, permitiendo de este modo una reescritura de la misma con un carácter más objetivo. En este campo, una de las luchas más invisibles es la feminista que, poco a poco, está siendo rescatada gracias a libros como este y el empeño de muchas autoras

La obra es la traducción de la publicación European Feminisms, 1700-1950. A Political History que salió a la luz en el 2000. La autora, la historiadora y académica independiente Karen Offen, está afiliada al Instituto de Investigación de Género Michelle R. Clayman de la Universidad de Stanford. En el libro nos encontramos una descripción de aquellos movimientos políticos, sociales, culturales, que tuvieron gran repercusión en el feminismo desde el siglo XVIII hasta la primera mitad del siglo XX. Para ello, la autora no se centra en un determinado país o región, sino que introduce al lector en las diferentes problemáticas que surgieron en distintos Estados europeos a lo largo de esos, aproximadamente, doscientos cincuenta años. Aun así, Offen tomará Francia como el punto central de la exposición al entender que todos los movimientos giran en torno al pensamiento surgido en este país.

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Agustín de Hipona: El pueblo

La empresa del pueblo es el Estado. Esta sentencia la recoge Agustín de Hipona en el capítulo XXI de La ciudad de Dios basándose en un escrito de Escipión. Para llegar a semejante conclusión el general romano se apoya en los preceptos ciceronianos que afirman, según recoge el pensador premedieval, que el pueblo está formado por “una multitud reunida en sociedad por la adopción en común acuerdo de un derecho y por la comunión de intereses”. El eje fundamental sobre el que se asienta la comunidad, como se puede observar, es la ley pero ésta debe estar siempre acompañada de la justicia, entendida por el filósofo cristiano como “la virtud que da a cada cosa lo suyo”, como recoge más adelante en dicha obra.

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¿Qué es feminismo?

¿Qué es feminismo?[1] [2]

Feminismo es un término al que a menudo tratamos como autoexplicativo; sin embargo, puede haber diferentes significados y connotaciones culturales de una sociedad a otra. Como otros «-ismos», feminismo se ha convertido en un término que evoca emociones fuertes y, con frecuencia, engendra miedo al cambio, encarnando asimismo la promesa de cambio; a menudo, ha sido usado de forma peyorativa, dando lugar a la respuesta, «No soy feminista, pero…». En los escenarios europeos, ha adquirido características históricas distintivas, presentando en particular una reevaluación positiva de lo «femenino» en relación a lo «masculino». Desde mediados del siglo XIX, su historia se entrelaza de formas complejas con la del liberalismo, nacionalismo y socialismo, así como con otras corrientes sociopolíticas innovadoras como el utopismo o el anarquismo. Se la asocia también estrechamente con el surgimiento de los Estados-nación, de los partidos políticos, de las causas filantrópicas y de las asociaciones de trabajadores. Con todo, las reivindicaciones feministas siempre han trazados senderos distintivos –y a menudo discrepantes– dentro de cada uno de esos escenarios.

Para abordar la historia del feminismo, es necesario, en primer lugar, establecer el campo de investigación. Se planea la cuestión: ¿Se puede escribir una historia del feminismo que preceda a la invención de estas palabras? ¿Podemos apropiarnos de este término de forma anacrónica para hablar sobre la emancipación de las mujeres más ampliamente, es decir, mucho antes de los años noventa del siglo XIX? La respuesta a esta cuestión debe ser –creo yo– «sí», pero una definición cuidadosa de los términos, fundada en la evidencia histórica, es una precondición que se requiere para una respuesta así. ¿Qué quiero decir entonces con «feminismo» para los objetivos de un estudio como este?

Mi propia definición, destilada a partir de pruebas históricas que comprender muchos siglos de historia europea, y en las que este libro se basa, es, en resumen, esta: feminismo es el nombre que se le da a una respuesta crítica integral a la subordinación deliberada y sistemática de las mujeres como grupo por parte de los hombres como grupo dentro de un escenario cultural dado[3]. Nótese que uso de forma deliberada la palabra «subordinación», no la palabra «opresión»; la subordinación puede identificarse históricamente a través del examen de leyes, instituciones, costumbres y prácticas, mientras que la opresión connota una respuesta psicológica altamente subjetiva. Puede apuntarse a muchos ejemplos de mujeres que no se sienten oprimidas pero que se encuentran incuestionablemente subordinadas en las leyes, instituciones y costumbres de sus culturas.

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