“De animales a dioses”: progreso y mito en la historia

HARARI, Yuval Noah. De animales a dioses. 4ª edición. Barcelona: Debate, 2014.

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Introducción

¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Se puede hablar de progreso en el devenir histórico? ¿De retroceso? ¿Avanza el individuo a la vez que lo hace el conjunto de la humanidad? En definitiva, ¿qué es la historia? ¿Qué se puede entender por historia? Cualquier persona, en algún momento, se ha planteado estas cuestiones y ha intentado darles respuestas. Son muchos los autores que también han reflexionado y han llevado a cabo sus planteamientos en torno a esas preguntas. Una de las propuestas más recientes en relación a esos interrogantes que se plantea la Filosofía de la Historia ha sido la del autor israelita Harari en su última publicación que lleva por título De animales a dioses.

A continuación, se recogen dos de los planteamientos que se encuentran en dicha obra y que tienen, a mi parecer, un papel destacado a la hora de enfrentarnos a esas cuestiones iniciales que tienen como fin último conocer la historia; en definitiva, encontrar una respuesta al interrogante de quiénes somos. La primera de estas propuestas ya fue defendida por el filósofo prusiano Immanuel Kant (1724-1804) en un breve escrito, Probable inicio de la historia humana (escrito en 1785 y publicado un año más tarde), que viene a exponer que la evolución de la humanidad trae consigo un perjuicio en las condiciones individuales del sujeto. Otro de los argumentos que se recogen en el libro de Harari, y que se mostrará en el ensayo, es el papel fundamental del mito en la historia a la hora de establecer la cooperación entre los individuos y el progreso resultante a partir de ella.

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Esbozo del poder político y sus límites

Si entendemos el poder político como una actividad legítima ejercida por determinados individuos cuyo objetivo es gobernar una sociedad, aquélla ha de tener ciertos límites, que cualquier sujeto deberá aceptar en un acto de empatía hacia el resto de sus conciudadanos. Ese margen que no podrá exceder el gobernante estará basado, principalmente desde mi punto de vista, en dos materias clave: el derecho y la ética.

Por un lado, el derecho, a partir de las diferentes leyes, establece una serie de límites comunes que todo ciudadano que forme parte de la comunidad debe cumplir, si no quiere ser sancionado a través de los numerosos procesos que existan en dicha legislación. Sería, por tanto, un límite objetivo que no depende del propio sujeto, sino que es superior a éste. Por otro, la ética tendría un papel destacado en establecer los límites del poder político en el sujeto que lo ejerce. Es decir, a diferencia del papel llevado a cabo por el derecho, que establece unos límites legislativos que obligan al sujeto a comportarse dentro de unas reglas, la ética marca las normas que parten del propio sujeto, de forma autónoma. Sería, por tanto, una limitación subjetiva.

Si entramos más detalladamente en el límite del poder político desde el ámbito ético, y remitiéndonos al acto de empatía antes citado, aquél tendría un peso más determinante que la propia legislación. El individuo, a partir de su propia autonomía, se autoimpone una serie de valores y reglas morales que debe cumplir por sí mismo. Por ejemplo, en la ética kantiana el imperativo categórico establece: “obra de tal forma que la máxima que guía tus acciones pueda convertirse en ley universal” y “trata a los demás, y a ti mismo, no como meros medios, sino como fines en sí mismo”. Solo en el supuesto donde los valores individuales vayan en contra del acto de empatía, el derecho tendría mayor peso para mantener los límites del poder político y no traspasarlos.

Propuestas y consejos para el 20-D

A continuación se encuentran una serie de propuestas y consejos de cara a las elecciones del próximo domingo basadas en mis lecturas más recientes.

La  justicia de la constitución no asegura la justicia de las leyes estatuidas bajo ella; y aunque a menudo tenemos tanto una obligación como un deber de observar lo legislado por la mayoría (en la medida en que ellos no sobrepase ciertos límites), no hay, por supuesto, una obligación o un deber correspondiente de considerar justo aquello que la mayoría estatuye. El derecho a hacer leyes no garantiza que la decisión se tomará rectamente; y aunque el ciudadano se someta en su conducta al juicio de la autoridad democrática, no somete su juicio a ella. Y si a su juicio lo establecido por la mayoría sobrepasa ciertos límites de injusticia, el ciudadano puede pensar en la desobediencia.

John Rawls, Justicia como equidad, p. 162.

El ciudadano es responsable de lo que hace. […] En una sociedad democrática cada cual tiene que actuar tal como cree que se lo exigen los principios de lo recto en materia política.

John Rawls, Op. Cit., p. 169.

Como solía decir Studs Terkel, el reputado especialista en historia oral: «La esperanza nunca ha venido de arriba, siempre ha surgido de la base».

Naomi Klein, No Logo, p. 18.

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