Compra y posesión de armas en Estados Unidos

El derecho a la posesión de armas es aquel que refleja el derecho a la tenencia, uso y transporte de armas, ya sea para bienes defensivos, deportivos, para escolta o para cualquier otro uso, siempre que no se perjudiquen otras actividades legales. Generalmente, este derecho se asocia con los Estados Unidos, un país donde la tenencia de armas tiene muy pocas o escasas regulaciones legislativas. En este país, casi a diario, mueren personas por su uso. ¿Debería, por tanto, limitarse o controlarse su utilización? Y, por otro lado, ¿podría ser este conflicto exclusivo de la sociedad americana o también podría ocurrir en otros sitios? ¿Existe el poder en estas situaciones?

En base a este derecho fundamental de las personas, podría deducirse que este conflicto sería posible en cualquier lugar, siempre que hubiera un motivo para que el poseedor del arma la usara con estos fines. Mayoritariamente, en Estados Unidos, se utilizan contra el colectivo afroamericano o en institutos de educación secundaria, tal como se observa frecuentemente en las noticias. Si estos sentimientos no se canalizan ni se controlan y llegan a la radicalización, podrían llegar a producirse conflictos graves. Es el caso de aquellas organizaciones que se encargan de captar jóvenes en riesgo de exclusión social o débiles (psicológicamente hablando, ya sea por problemas familiares, en los centros educativos, en su entorno social, etc.). Sin embargo, lo más llamativo de estos casos es que casi la totalidad de los crímenes los cometen menores de edad. Como ya se ha explicado, en este país no existe un control estricto sobre la tenencia de armas en casa, por lo que muchos de estos jóvenes tienen acceso a ellas a través de padres, familiares o, incluso, por ellos mismos, ya que no es raro encontrar casos en los que las familias deciden regalarlas en cumpleaños o fiestas de graduación.

En la actualidad, están surgiendo muchos movimientos ciudadanos que piden la restricción en la tenencia y uso de armas, pues el país está registrando en este 2018 los peores datos de su historia en cuanto a asesinatos con armas de fuego (casi 2000 personas en lo que va de año). Sin embargo, Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos, no está muy a favor de esta propuesta, pues únicamente ha hablado “de lo mucho que lamenta las muertes de estas personas”, pero nunca de una política firme ante el problema. No hay que olvidar que en este país se venden más de siete millones de armas al año, lo que hace que haya más armas que habitantes.

Por otro lado, esta situación no podría tener lugar en España o en otros países europeos tan fácilmente, ya que, en primer lugar, una persona menor de edad tiene prohibida la compra de estos artefactos. Por otro lado, no es tan común que los padres o las familias tengan armas en casa y, de ser así, su uso no está tan regulado o normalizado.

Para concluir, podríamos decir que la solución a estos conflictos pasaría, en primer lugar, por la regularización de la tenencia y el uso de armas. Posteriormente, sería importante educar principalmente a los jóvenes en la igualdad y el diálogo y no en la violencia, la superioridad, la exaltación y la radicalización de lo propio o la persuasión. Sin embargo, este cambio sería difícil en sociedades como la americana, donde resaltan valores como el patriotismo y la defensa de lo propio. La resolución no pasaría únicamente por educar a las nuevas generaciones, sino por reeducar a las más mayores y, sin ninguna duda, esto es algo mucho más complicado.

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La desobediencia civil como garante del contrato social y la justicia: una visión a partir de John Rawls

John Rawls en “La justificación de la desobediencia civil”, que se encuentra dentro de la compilación Justicia como equidad, fundamenta la desobediencia civil dentro de un régimen democrático constitucional con el fin de mostrar qué condiciones tendría que seguir el ciudadano a la hora de oponerse de forma adecuada a la autoridad que se ha establecido legalmente en la sociedad. Para mostrarnos todo lo anterior, primero expone cómo surge dicha sociedad siguiendo la tradición contractualista de autores como Hobbes, Locke o Rousseau aunque plantea su propia doctrina del contrato social.

Al igual que sus antecesores en la corriente contractualista, Rawls expone una hipotética posición original donde “las personas tienen iguales poderes y derechos”[1], la misma libertad. Este hecho permitiría a todos aquellos que se encuentren en dicha situación imaginaria establecer los arreglos sociales –las instituciones– y los principios de justicia que asignan y aseguran los derechos y libertades. A partir de ahí, según el autor, todos los acuerdos entre los hombres serán considerados justos o injustos según estén o no establecidos en relación con los principios elegidos en la posición original. Todo esto nos proporciona una base satisfactoria a la hora de establecernos en sociedad. La pregunta que podríamos hacernos es ¿qué garantiza que lleguemos a un acuerdo –establecer el contrato social– en ese supuesto?

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