“Feminismos europeos, 1700-1950. Una historia política”, de Karen Offen

OFFEN, Karen. Feminismos europeos, 1700-1950. Una historia política. Tres Cantos (Madrid): Akal, 2015.

Son muchos los autores que defienden una lectura de la historia mucho más crítica que sea capaz de sacar del olvido todos aquellos planteamientos y sujetos que han sido abandonados en cajones oscuros, permitiendo de este modo una reescritura de la misma con un carácter más objetivo. En este campo, una de las luchas más invisibles es la feminista que, poco a poco, está siendo rescatada gracias a libros como este y el empeño de muchas autoras

La obra es la traducción de la publicación European Feminisms, 1700-1950. A Political History que salió a la luz en el 2000. La autora, la historiadora y académica independiente Karen Offen, está afiliada al Instituto de Investigación de Género Michelle R. Clayman de la Universidad de Stanford. En el libro nos encontramos una descripción de aquellos movimientos políticos, sociales, culturales, que tuvieron gran repercusión en el feminismo desde el siglo XVIII hasta la primera mitad del siglo XX. Para ello, la autora no se centra en un determinado país o región, sino que introduce al lector en las diferentes problemáticas que surgieron en distintos Estados europeos a lo largo de esos, aproximadamente, doscientos cincuenta años. Aun así, Offen tomará Francia como el punto central de la exposición al entender que todos los movimientos giran en torno al pensamiento surgido en este país.

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Mujeres en ciencia: ¿invisibilidad? El caso de Rosalind Franklin

Introducción

¿Cuántas mujeres que hayan desarrollado un papel destacado en el ámbito científico son conocidas? Si esta pregunta se realizara a un público general, estoy seguro que muy pocos sabrían decir, al menos, un solo nombre de una mujer científica. La invisibilidad de la mujer en la ciencia está ahí, es un hecho.

¿Qué factores podemos encontrarnos que justifiquen y ayuden a entender esta invisibilidad de la mujer en ciencia? Tenemos factores como el techo de cristal, el machismo o la discriminación territorial y jerárquica, entre otros. Para exponer cómo la mujer ha sido discriminada a lo largo de la historia; a continuación, se describe el caso de Rosalind Franklin, siendo uno de los más polémicos por los argumentos que defienden que no hubo discriminación y por aquellos que tachan la postura mantenida por la comunidad científica como excluyente, llegando a olvidar la figura de Franklin durante décadas.

Determined from the age of twelve to become a scientist, Rosalind Franklin knew she came from, under what straints she laboured and where she wantes to go. From childhood, she strove to reconcile her privileges with her goals. She did not find life easy – as a woman, as a Jew, as a scientist. Many of those close to her did not find her easy either. The measure of her success lies in the strength of her friendships the devotion of her colleagues, the vitality of her letters and a legacy of Discovery that would do credit to a scientific career twices its lenght.[1]

Invisibilidad de la mujer en ciencia

Los estudios de género en relación con la ciencia se enmarcan dentro de los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS) y tienen como uno de los objetivos rescatar el papel de las mujeres en la ciencia que, por unos motivos u otros, han sido ocultadas y, en muchos casos, también infravaloradas dentro de una tradición hegemónica y primordialmente patriarcal.

Ante casos concretos que sacaban a la luz importantes sesgos de género, autoras como PÉREZ SADEÑO y GONZÁLEZ GARCÍA han contribuido a la recuperación de muchos de esos sucesos. Estas autoras, señalan que “los enfoques feministas –dentro de la ciencia– analizarán los sesgos sexistas y androcéntricos en el propio contenido de las ciencias y los significados sexuales en el lenguaje y la práctica de la investigación científica”[2]. Estos estudios parten de la discusión en torno al escaso reconocimiento de las mujeres en ciencia para ascender hasta “cuestiones de trascendencia epistemológica, es decir, sobre la posibilidad y justificación del conocimiento y el papel del sujeto cognoscente”[3].

Exponen que han sido muchas las mujeres rescatas del olvido, pero critican, a su vez, que, aunque la mujer sea admitida en la actividad científica, en cuanto dicha actividad se empieza a institucionalizar el papel de la mujer comienza a ser cada vez menos relevante, hasta el punto de desaparecer, casi por completo, en los grupos más altos del escalafón científico. Por ejemplo, llegan a citar el caso de Rosalind Franklin, que se estudiará a continuación, y la repercusión que tuvo la recuperación de su figura tras ser una científica ridiculizada por sus propios compañeros en el estudio del ADN y olvidada debido a su temprana muerte.

De esta forma, se muestra, tal como recoge PEREZ SADEÑO[4], que

si examinamos la historia de la humanidad en sus diversas facetas, veremos que la mujer, en especial como grupo, raras veces aparece como protagonista. Desde luego, mi opinión es que tal afirmación no se corresponde con los hechos, sino que es una distorsión histórica. No hay que olvidar los sesgos habituales que padecen los historiadores: sus explicaciones o interpretaciones han de pasar por el matiz de lo que el paso del tiempo ha permitido que les llegara y por el de quién decidió escribir o anotar qué cosas, son la subjetividad que eso conlleva. A todo ello hay que añadirle el hecho de que los historiadores han sido, por abrumadora mayoría, hombres, por lo que, en cierto sentido, la historia es masculina.[5]

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Versos de mujer

Evitan que la mujer entienda verdad alguna,

la gente se divierte y se ríe de su estupidez.

Pero cuando las semillas de la estupidez acaban convirtiéndose en pecados

se vierte mucho veneno y se la llena de culpa.

Entonces no hay más apelaciones a la supresión de su intelecto,

entonces ella no es más que una mujer, la encarnación de la debilidad.

Se culpa, entonces, a la naturaleza y se menosprecia a la sangre y al corazón

por aquello cuyas  raíces se hallan solo en la manera de educar.

La fuente de un pozo que manaba se obstruye

y entonces surge la pregunta: ¿Por qué no fluye el agua?

Ponen una trampa para la pata del águila y le rompen sus alas,

y entonces le acusan de no llegar hasta el sol.

De igual modo, la energía de las mujeres se suprime con la educación y la costumbre,

dejan  que estas luchen entre sí en el estrecho ruedo de la estupidez,

y como un adorno arrastran el pesado yugo de la ignorancia,

porque ser sabia y culta se ve como una afrenta a las mujeres.

¡Oh, cruel tiranía! ¿Mejoraría nuestro mundo,

el que la mitad de la humanidad sea encadenada por la estrecha locura

cuando la falta de cerebro es evidente en cada tarea?

 

Hedvig Charlotta Nordenflycht (1761).

¿Qué es feminismo?

¿Qué es feminismo?[1] [2]

Feminismo es un término al que a menudo tratamos como autoexplicativo; sin embargo, puede haber diferentes significados y connotaciones culturales de una sociedad a otra. Como otros «-ismos», feminismo se ha convertido en un término que evoca emociones fuertes y, con frecuencia, engendra miedo al cambio, encarnando asimismo la promesa de cambio; a menudo, ha sido usado de forma peyorativa, dando lugar a la respuesta, «No soy feminista, pero…». En los escenarios europeos, ha adquirido características históricas distintivas, presentando en particular una reevaluación positiva de lo «femenino» en relación a lo «masculino». Desde mediados del siglo XIX, su historia se entrelaza de formas complejas con la del liberalismo, nacionalismo y socialismo, así como con otras corrientes sociopolíticas innovadoras como el utopismo o el anarquismo. Se la asocia también estrechamente con el surgimiento de los Estados-nación, de los partidos políticos, de las causas filantrópicas y de las asociaciones de trabajadores. Con todo, las reivindicaciones feministas siempre han trazados senderos distintivos –y a menudo discrepantes– dentro de cada uno de esos escenarios.

Para abordar la historia del feminismo, es necesario, en primer lugar, establecer el campo de investigación. Se planea la cuestión: ¿Se puede escribir una historia del feminismo que preceda a la invención de estas palabras? ¿Podemos apropiarnos de este término de forma anacrónica para hablar sobre la emancipación de las mujeres más ampliamente, es decir, mucho antes de los años noventa del siglo XIX? La respuesta a esta cuestión debe ser –creo yo– «sí», pero una definición cuidadosa de los términos, fundada en la evidencia histórica, es una precondición que se requiere para una respuesta así. ¿Qué quiero decir entonces con «feminismo» para los objetivos de un estudio como este?

Mi propia definición, destilada a partir de pruebas históricas que comprender muchos siglos de historia europea, y en las que este libro se basa, es, en resumen, esta: feminismo es el nombre que se le da a una respuesta crítica integral a la subordinación deliberada y sistemática de las mujeres como grupo por parte de los hombres como grupo dentro de un escenario cultural dado[3]. Nótese que uso de forma deliberada la palabra «subordinación», no la palabra «opresión»; la subordinación puede identificarse históricamente a través del examen de leyes, instituciones, costumbres y prácticas, mientras que la opresión connota una respuesta psicológica altamente subjetiva. Puede apuntarse a muchos ejemplos de mujeres que no se sienten oprimidas pero que se encuentran incuestionablemente subordinadas en las leyes, instituciones y costumbres de sus culturas.

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