Detrás del nombre

A lo largo de nuestra vida son muchos los momentos en los que llegamos por primera vez a un lugar, a un trabajo, a una fiesta… En muchas ocasiones, tenemos que darnos a conocer, presentarnos ante los demás, decir nuestro nombre y, quizá, la edad, nuestra profesión o qué estudiamos.  Después de eso, solemos entablar una conversación con los presentes, o dejamos paso a que los demás hagan lo propio: presentarse al igual que tú lo has hecho. Sin embargo, quiero abogar por un nuevo tipo de presentación.

Me gustaría que alguna vez en nuestra vida nos presentáramos a partir de la personalidad, de la persona que hay detrás de ese nombre y esa edad, de esos datos que soltamos cada vez que alguien desconocido aparece delante de nosotros. Creo que sería una forma muy bonita de entablar una conversación, de empezar a conocer a quien tienes en frente, partir de aquello que a simple vista no podemos ver: su carácter, sus gustos, sus aficiones, sus inquietudes…

Tras estas líneas se esconde un estudiante de Información y Documentación, graduado en Filosofía (especializado en ética y filosofía moral). Esto no quiere decir que no me atraigan otras materias, también me considero aficionado a la historia y, más recientemente, a la política. Me encanta sumergirme en los libros y navegar por sus mares de páginas y ríos de tinta, me gusta investigar, pelearme con los textos. También me encanta viajar y descubrir nuevos rincones por los que perderse, prefiero el norte al sur y la montaña a la playa.

Me considero una persona introvertida, tímida, que se siente más cómodo escribiendo para que gente desconocida lea aquello que expresa que entablando una conversación cara a cara. Quizá esto sea uno de mis defectos, o una de mis virtudes, no lo sé. Sin embargo, últimamente este es uno de los aspectos en los que más he crecido y, sinceramente, estoy descubriendo que hablar con alguien, de cualquier cosa por infantil que pueda ser, puede llegar a ser muy bonito, capaz de remover por dentro.

Por lo general, quienes me conocen, afirman, y yo lo asiento, que siempre se puede contar conmigo, que me gusta más dar que recibir, que no me importa no obtener nada a cambio, que con el mero hecho de ver sonreír a los demás, verlos felices, estoy contento, sin importar cómo esté realmente yo, porque

ver felices a los demás puede llegar a ser algo muy bello.

Tal vez, después de una presentación como esta, conozcas mejor a la persona que tienes frente a ti, y sin conocer su nombre. Esto puede ser lo bonito de la vida: conocer sin nombrar, sin esconder lo que de verdad importa. Solo piensa si no te gustaría tener alguna vez una oportunidad como esta de comunicarte con alguien desconocido, que parta del hecho de saber más de ella antes de conocer su nombre.

[Fecha original: 2015. Revisión: 2017]

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La personalidad ideal

¿Qué es la personalidad? Podríamos definirla como aquello que todos tenemos como un currículum personal, lo que nos define y dice quiénes somos. Está determinada  por las experiencias personales únicas que cada uno de nosotros ha vivido como un ser humano independiente, por lo que consideramos que no existen dos personalidades iguales, ya que las circunstancias de cada uno son siempre distintas a las de los demás. Diríamos además que alguien con una personalidad ideal es capaz de encontrar un equilibrio positivo entre su mente y su corazón, aquel que consigue valorarse a sí mismo, que confía en sus posibilidades, alguien que no se deja influir por los comentarios exteriores, que tiene un claro y definido proyecto de vida y pretende llevarlo a cabo de manera realista.

Tras esta reflexión inicial pueden surgir en nosotros diversas dudas: ¿por qué debemos alcanzar una personalidad ideal?, ¿por qué intentamos planear y controlar todo aquello que nos rodea, sin dejar que las cosas sucedan sin motivo alguno?, ¿por qué no aprendemos a disfrutar de los pequeños detalles y cosas de la vida?, ¿por qué deberíamos seguir un decálogo para ser perfectos, psicológicamente hablando?, ¿por qué unas simples “instrucciones” escritas en un papel deberían condicionar cómo somos, sin dejarnos actuar libremente tal como sentimos que debemos hacerlo en cada momento?. Y lo que es aún más importante: ¿por qué no somos capaces de ver que lo que realmente nos hace diferentes es aquello que a la vez nos hace especiales?

(Página del artículo de la reflexión: La personalidad ideal).